Sumados el contrabando y el Covid-19, dejan muy malherida a la producción nacional. Susana Rivero es una mujer que con la ilusión de brindarle mejores días a su familia decidió crear un taller para la confección de jeans; sin embargo, tuvo que cerrar por la competencia desleal y pese a ello, quedó con deudas.

No se puede competir con a ropa usada y la china. La pandemia y el contrabando nos hizo cerrar de manera obligada”, contó Susana.

Cuando decidió abrir su taller de costura, Susana sabía que no iba a ser una tarea sencilla pues debía dedicar muchas horas de esfuerzo;  sin embargo, estaba muy motivada, tenía la intención de consolidar su marca y que además, sea una referencia a nivel nacional.

Cada mes se producían 900 prendas que eran vendidas en la feria de Barrio Lindo (Santa Cruz), en Tarija, Sucre y Cochabamba”, contó.

El contrabando no desanimaba a Susana que llegó a contratar hasta a 10 personas para fortalecer su producción y se daba modos para que su emprendimiento continúe.

Lastimosamente la pandemia le dio el toque de gracia al negocio de Susana. Pese a la insistencia de sus trabajadores para que no cierre y de esta manera no pierdan su trabajo, esta emprendedora tuvo que cerrar su taller.

“Insistían pero no se puede, es complicado competir con los precios (de los insumos) especialmente porque son muy altos”, contó Susana.

De las 900 prendas que se producían, el primer trimestre de este año esta empresa pasó a un centenar y pese a ello, no todas pudieron ser comercializadas.

“La última producción no pudo ser vendida”, lamentó Susana.

Ahora, esta emprendedora busca la manera de generar ingresos pues todavía debe pagar las deudas que tiene por la maquinaria que adquirió para su taller y los insumos que usó para producir los jeans. 

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