Cliza es la tierra del pichón, la cría de la paloma, que puede convertirse en un delicioso plato. Pero para ello, el ave debe tener exactamente tres semanas de vida, pues si pasa de ese tiempo, la carne se endura y cambia el sabor.

Por eso, la cría de pichones es considerada todo un arte, una actividad que se hereda de generación a generación. Aunque la cantidad de criaderos disminuyó en los últimos años, la tradición no se pierde en esta población.

En el criadero de Remberto Jiménez, criador de Pichones, casi toda la familia se dedica a esta actividad. Héctor convirtió su casa en un palomar y en la actualidad tiene más de 150 aves, varios de sus hijos se independizaron y también se dedican a este rubro.

Las casitas están armadas principalmente con barro, en estos nidos las palomas depositan los huevos y después de tres semanas salen los pichones que a los 21 días de nacidos ya están listos para la venta.

La venta de este plato comenzó hace más de 120 años en Cliza. Según la tradición oral, la carne de pichón se empezó a consumir debido a que estas aves abundan en el valle alto y se comían los cultivos principalmente de maíz, entonces los pobladores comenzaron a cazarlas y rápidamente fueron incluidas en el menú local. 

Además, por la gran cantidad de aves y la falta de recursos de algunas familias en este municipio, durante el periodo de las haciendas antes de la reforma agraria, se volvió una costumbre alimentarse con carne de pichón.

Te mostramos un poco más sobre esta actividad que genera movimiento económico en Cliza y que se convierte en una parte importante de la gastronomía local.

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