Con 60 años, una profesión de electromecánico y muchas experiencias en la vida, Hugo Villarroel es uno de los refugiados del Albergue Municipal que hace unos días abrió sus puertas para cobijar a personas en situación de calle. Desde que perdió a su esposa, lucha por salir adelante y también ayuda a quienes así se lo solicitan, así es como se animó a dar clases a personas en situación de calle que desean superarse.

Yo también soy albergado, también estoy en situación de calle. No me trae ningún vicio, sino la pobreza”, contó el ‘profe Hugo’, después de una clase de electromecánica.

Contó que hasta hace 10 años estuvo felizmente casado, tuvo tres hijos con su esposa. Tenía una casa, auto y otros bienes; sin embargo, una inesperada enfermedad atormentó a su pareja hasta quitarle su vida. 


“Invertí mucho dinero, ella no murió en el momento sino después de un año y medio que estuvo en coma. Vendí la casa, los autos, las tiendas, el consultorio de mi esposa”, contó.

Las ganas para que su esposa se recupere eran muy grandes y siempre tuvo la esperanza de que aquello ocurra, ello fue que decidió solicitar préstamos; sin embargo, la enfermedad se llevó la vida de su esposa.

Me quedé con una deuda y con mis tres hijos. No me casé y ahora estoy aquí tratando de dar oportunidades”, contó.

La historia del ‘profe Hugo’ es la de un luchador, de esos que a pesar de las adversidades buscan la manera de salir adelante, pero además, no tienen ningún reparo en ayudar y defender a quienes así lo requieren. Confesó que una debilidad que tiene es la injusticia.

“Puedo enfrentarme a diez hombres peleando y nadie me saca una lágrima, pero veo cuando marginan a las personas en situación de calle, eso me duele”, señaló.



Ese precisamente es uno de los motivos por los que ha decidido ayudar a quienes desean superarse, brindando las clases de mecánica básica. Ya tiene 20 alumnos que todos los días escuchan atentamente sus enseñanzas.

Wilson Vizcarra es uno de sus alumnos. Es padre soltero y tuvo un problema familiar motivo por el que su hija de cuatro años terminó en un hogar de acogida, el ahora busca superarse para recuperar a su pequeña.




“No he salido bachiller, pero tengo esas  ganas de salir adelante y quiero aprender del conocimiento que tiene nuestro compañero”, contó Wilson.

Juan Carlos Castro es otro de los alumnos. Con 19 años este joven, huérfano de padre y madre, ya conoce los riesgos de vivir en la calle. Su meta es estudiar derecho en la universidad.

Sé lo que es dormir en la calle, sentir frío, no tener apoyo de tu familia, no tener a nadie. Mi objetivo primero es aprender aquí y el año que viene volver pero para ayudar, ese es mi objetivo”, señaló.

Muchas personas que han encontrado cobijo en el albergue municipal luchan por salir adelante y alejarse de las calles.





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