En el Día de la Madre se conoció una historia, que con el pasar de los días, ha llenado de emoción a la ciudadanía; primero, Maritza contó los años de violencia que vivió junto a la pequeña Maribel, su hija, quien no perdía su alegría pese a toda los problemas.

Ambas conmovieron a la población y a las propias autoridades del Estado, y ahora tienen una casita para continuar su historia de lucha y amor con mejores condiciones.

“Aquí ya tengo cama, ya tengo dos cuartos”, cuenta con toda inocencia Maribel.

Maritza tiene 22 años, cuando tenía tan solo 18 tuvo a su hija, quien nació con el cabello blanco como nieve al igual que ella, todos la miraban siempre con admiración y gusto, pero después, nadie se acordó de ninguna de las dos.

“La niña me decía ¡tengo hambre!, y ese rato para la niña solo compraba salchipapa, a veces solo comer o tomar”, recordó tímida Maritza.

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El resultado parece fácil, pero Maritza tuvo que pasar por mucho, los últimos años de esta joven mamá fueron complicados, ya que hubo días que no tenían para comer, ella y su hija Maribel durmieron hasta en un quiosco frío donde también vendían fruta.

Sufriendo, maltratadas, discriminadas en el mercado, también de las tiendas. ¡Así será mi vida y será toda la vida!, yo pensaba así”, confesó la valiente madre.

Hoy la pequeña de cabello blanco marfil disfruta su presente, festeja bailando de su nuevo hogar que le fue donado por el Gobierno.

Maritza y Maribel son el testimonio vivo de que cuando uno es bueno la vida le retribuye, ahora, ambas están listas para continuar una nueva vida.

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