Una dejó las extensiones, los tintes y las tijeras de pelo; la otra se alejó de los peluches, los cubos de juguete y los biberones; y la última cambió los utensilios de limpieza, las ollas de la cocina y los deberes de los hijos, todas para enfrentarse al peligro de la calle y convertirse en trabajadoras sexuales.

La pandemia hizo que sus fuentes de trabajo cierren. Carla, que fue agredida por una mujer que quiso cobrarle ‘derecho de piso’ la noche del viernes, trabajaba en una guardería, pero la falta de clientes hizo que esta cierre.

Hace seis meses que trabajo como dama de compañía, tengo cuatro hijos y debo encontrar la forma de llevar dinero a mi casa”, dijo la mujer, mientras se mantenía en pie con la ayuda de una muleta, ya que una exreclusa la atacó con un cuchillo por no pagar su espacio en la calle.

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La necesidad te obliga a esto. Soy madre soltera y tengo dos hijas que mantener, no hay nadie que me ayude con los gastos de la casa”, afirmó María René, una mujer de mediana estatura y voz firme, que tuvo que dejar la seguridad de su hogar para salir a las calles en busca de ‘clientes’ que le permitan juntar dinero para llevar a su casa.

María René acompañó la noche de viernes a su amiga Carla hasta el puesto policial de la Villa Primero de Mayo para que ella denuncia el ataque del que fue objeto, pero también estuvo con ella Alejandra, una joven de cabellos rubios que tiene una niña de un año, a la que debe mantener sola porque su pareja la abandonó.

Alejandra trabajaba en una peluquería, que debido a la pandemia cerró ante la falta de clientes y la imposibilidad de la propietaria para pagar el alquiler del local. La joven al verse sin trabajo decidió salir a las calles como sus compañeras de oficio y se convirtió en una dama de compañía de las noches cruceñas.

“A lo que venga, los niños no esperan”, así resumió Alejandra su actitud frente a la vida que le ha tocado vivir, antes de alejarse del puesto policial junto a sus amigas, quienes temen por su vida en cada minuto que están paradas en las esquinas como ‘samaritanas del amor’.


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