Unitel llegó hasta la comunidad San Sebastián, en Betanzos (Potosí), para conocer la historia del grupo de niños que sube a diario hasta un cerro para pasar clases virtuales. 

Cargados de libros y sueños de superación, ellos caminan cerca de 15 km por 2 km para que sus celulares tengan señal y puedan descargar sus tareas que le mandan los profesores al WhatsApp.

San Sebastián, que está ubicada en la carretera que une Potosí y Sucre, viven aproximadamente 160 personas que en su mayoría se dedican a la agricultura. Los niños y adolescentes tienen muchas ganas de aprender, en un lugar donde por la baja señal la descarga de una tarea desde WhatsApp tarde mucho tiempo.

Entre ellos se organizan para acompañarse para llegar hasta la punta del cerro. “Nos ayudamos a llevar agua, pan o lo que traemos", dijo Zulema Lancho, una joven estudiante. En San Sebastián por la baja señal, poder conectarse a WhatsApp requiere de bastante tiempo para descargar la tarea.

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Su día comienza muy temprano. "A las 6:00 ya están despiertos para pasar clases, son desesperados para pasar clases. Para que estudien subimos a los cerros para pasar clases desde que inició la pandemia"; señaló Ignacio Rojas, padre de familia.

Al llegar a lo más alto del cerro, sacan sus cuadernos y sus celulares para iniciar sus labores escolares sentados en el piso. Para que sus teléfonos no se descarguen antes de terminar su tarea, algunos se llevan cargadores portátiles y otros paneles solares.

"A veces la batería no alcanza, le decimos a los profesores que nos entiendan en esa parte", dijo Rubén Darío Rojas, uno de los tres alumnos de último año, que sueña con estudiar veterinaria o agronomía.


Al medio día alistan toldos improvisados con tela para cubrirse de los rayos solares y otros alistan la comida. "Tenemos media hora para comer. Nosotros lo preparamos para traer y compartir", indica Zulema.

Cerca de las 14:00 terminan sus actividades y se alistan para retornar a sus hogares para que en el resto de la tarde puedan ayudar a sus familias en el trabajo del campo. "Llegamos 3 o 4 a nuestras casa a ayudar a nuestros padres, porque ellos trabajan para nosotros", añadió Zulema.

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