Tiene 60 años, gran parte de ellos los ha vivido en la calle, buscando la manera de sobrevivir y de conseguir dinero para sus adicciones. Llegó un momento que rechazó la ayuda de su familia y amigos para rehabilitarse, hasta que decidió y hoy ayuda a otras personas a superar esta etapa.

A veces no te quieren regalar ni las sobras, se las prefieren dar a los perros”, así describe Richard parte lo que le tocó vivir durante 23 años que vivió en las calles.

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Recuerda que fue a los 16 años cuando se fue a vivir a la calle, ahí comió y durmió durante 23 años. Fueron varios los factores que se fueron sumando para que haya tomado esa decisión, uno de ellos fue la extrema pobreza, pero también la disfuncionalidad de su familia.

“Yo fui indigente total hasta los 39 años. He vivido en el canal Isuto, en avenida la Mutualista, en el Avión Pirata, en el barrio Avaroa”, relata Richard.

Señala que la vida en la calle es cuestión de supervivencia, incluso a esa forma de vida le ha llamado el hotel de las mil estrellas pues se debe hacer de todo para subsistir como robar y asaltar.

También se trabaja, se limpian autos, pero la ocasión hace al ladrón. Uno vive necesitado de plata para drogarse”, señaló.

Richard recuerda que fueron varias las oportunidades que intentó salir de las drogas; sin embargo, después de un tiempo volvía a recaer pues su adicción doblegaba su voluntad de cambiar.

Renegaba contra Dios. Yo que no había nacido así, no podía morir así, me golpeaba la cabeza con vidrios o con el suelo, pero creo que no es Dios, somos nosotros no más”, reflexionó.


Recuerda que en varias oportunidades su familia y amigos le ofrecieron ayuda para rehabilitarse, pero le había agarrado cariño a su ‘gremio’, así le llama a las otras personas que vivían como él, en situación de calle.

Fue a los 39 años que vio una luz al final del túnel. Decidió ingresar a un centro de rehabilitación donde estuvo internado durante tres años, tiempo en el que superó su adicción a las drogas. Desde ese momento su vida cambió para bien.

Comencé a ver el lado bonito de la vida, de estar limpio, bañarse y tomar desayuno, pero me implicó mucha disciplina. Fue un desafío porque era indolente, vivía sin Dios y sin ley”, contó.

Una vez superada esa etapa Richard su propuso objetivos que los ha ido cumpliendo poco a poco, uno de los que considera más importantes es haber logrado su título de bachiller a los 59 años. 

Es consciente que la vida en el ‘hotel de las mil estrellas’ le restó tiempo pero está motivado para ayudar a cambiar a otras personas y superar sus adicciones.



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