El calvario de Marina Benítez comenzó en 2012 cuando terminó una relación tóxica que temía que desencadene en violenciaEntonces, esta abogada argentina, no sospecharía que estaba a punto de iniciar un espiral de violencia psicológica que la puso en grave riesgo.

Poco después de terminar con su novio notó que había hombres que la abordaban en la calle sin explicación y le hacían comentarios sexuales.

“Al principio creí que los mandaba mi ex para seguirme y controlar mis movimientos pero después corroboré que él había creado un perfil falso en Facebook, donde se hacía pasar por mí para chatear con ellos. No solo mantenía conversaciones eróticas y de alto contenido sexual sino que también les enviaba fotos íntimas que ambos nos habíamos tomado cuando éramos pareja”, relató la mujer en una entrevista con Infobae.

Bajo un nombre falso, pero usando imágenes reales de Marina, el hombre construyó el perfil de María de los Ángeles Rivera. Entonces empezó a agregar hombres y logró contactar al menos a 400 durante dos años. En ese periodo la víctima de la suplantación fue acosada por unos 70 desconocidos en la calle.

El ex, que conocía al detalle la vida de Marina, les contaba a los hombres sobre cómo era su vida personal y profesional: dónde vivía, qué lugares frecuentaba y cuáles eran sus horarios laborales, es por eso que la ubicaban y sufría el acoso. En la misma entrevista a Infobae cuenta que a estos “amigos” les proponía un juego perverso: les decía que ella fingiría que no sabía nada del hecho y que se resistiría.

“En los chats mi ex le decía los tipos que yo me iba a prestar a un juego sexual y que iba a resistirme y gritar cuando me abordaran en la calle para que pareciera todo más real porque a mí eso me calentaba. No me violaron porque tuve suerte”, señala.

Uno de ellos creyó todo y la fue a buscar hasta la puerta de su casa, en La Plata.

“Me agarró de atrás, de la colita del pelo, en la esquina de mi casa y me pasó la lengua por el cuello”, luego de este momento de pánico se encerró en su casa por más de un mes por temor a que la violaran.

Poco después dos hombres la arrinconaron en una calle a la salida de la Universidad Nacional de La Plata, logró salvarse pero los acosos no se frenaban. Cansada de los acosos encaró a uno de los que la molestaba.

“El tipo me dijo: ‘Qué hermoso te queda ese vestido azul’. Ahí lo encaré de mala manera y me contestó: ‘¿Qué te pasa, loca de mierda? ¿ahora te olvidaste de todo?’. Cuando le pregunté de dónde me conocía, porque ya estaba harta de que me encararan, el tipo me contó lo del chat y huyó despavorido. Eso me hizo entender que había alguien que se estaba haciendo pasar por mí”, remarcó la víctima.

Marina descubrió quién estaba detrás de todo porque su ex contactó sin saberlo a un amigo de la infancia que comunicó rápidamente a Marina lo que estaba pasando. Entonces juntos decidieron seguirle el juego para conseguir las pruebas.

“Esta persona tiene todos los chats guardados. Su ayuda fue fundamental para comprobar que mi ex estaba detrás de ese plan perverso y gracias a él pude hacer la denuncia con las pruebas que me brindó”, contó Marina.

“Este chico lo que hizo fue pedirle un teléfono para concretar el encuentro sexual del que habían hablado en el chat y cuando llamó lo atendió mi ex. Yo estaba al lado de él y escuché perfectamente su voz. Le dijo ‘en realidad no soy Marina pero como ella está enganchada con estas cosas yo me encargo de acercarle propuestas’. Tercerizó la situación pero aceptó todo. La charla quedó grabada y también está en manos de la justicia”, detalló.

Tras varios años de denuncias y un largo proceso judicial, Marina ha logrado que el caso llegue a juicio. Su ex, el hombre que convirtió su vida en una tortura, será juzgado por lesiones psicológicas graves y agravadas con el propósito de lograr sufrimiento en el contexto de violencia de género. Enfrenta una pena de hasta 6 años de prisión.

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