Tiene 101 años y a lo largo de su vida ayudó a fundar varias instituciones de las que incluso integró el directorio. Soledad Ribera viuda de Nava fue testigo y es parte de la historia cruceña. 

Dice estar firme y sin dolor alguno, con mucho aliento y orgullosa de lo vivido.

Nació el 8 de julio de 1920, en el municipio de Concepción. Cuando tenía 8 años se mudó con sus padres a la capital en busca de mejores días. Aún guarda en su memoria la Santa Cruz de antaño. “Era puro tierra, con carretones jalados por bueyes, la calle Telchi se llenaba de agua”, contó.

Esta centenaria mujer fue una de las primeras funcionarias de la Contraloría, donde ejerció como interventora durante al menos cuatro décadas. Ahí se  destacó y trabajó para evitar irregularidades.

“Peleaba la plata como si fuera de ella”, dijo entre risas Doris Cuéllar, una de sus compañeras.

También fue una de las fundadoras del Centro de Salud Mental de Santa Cruz. Infraestructura que inició su construcción en 1975, y que se llegó a levantar gracias al aporte del carnaval de antaño solidario, del que doña Soledad fue reina.

Fundadora de las Damas Fieles a Cristo, el grupo Siempre Amigas y Admiradoras del deber.

Siempre fue amiguera y amante de Santa Cruz, su carnaval y sus costumbres. Recibió un sinfín de reconocimientos por parte de varias instituciones.

Procreo 4 hijos, y ahora tiene 12 nietos, 22 bisnietos y un tataranieto. Una familia numerosa que se reúne para mimar y acompañar a doña Soledad.

Ella esa nuestra Cruceña de Oro.




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