Maribel es una pequeña niña albina que se ha robado el corazón de todos los bolivianos por su simpatía. Ella es una sobreviviente de la violencia que junto a su madre están tratando de salir adelante pese a las adversidades.

La alegría de Maribel es contagiante, le encanta bailar, es una niña feliz pese a las adversidades que debe enfrentar junto a su madre. Ambas son albinas y tienen problemas de visión.

Esta pequeña es la fuerza para Maritza Mamani, una mujer de 22 años, que lucha cada día para sacar adelante a su hija.

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Esta joven madre cría sola a su pequeña luego de que se separara de su concubino, un hombre al que recuerda con dolor pues ella era víctima de violencia, un calvario que vivía en solitario y del que afortunadamente escapó.

Tras escapar de su agresor se vieron obligadas a vivir durante dos meses en un pequeño quiosco, el mismo que utilizan para vender fruta y que es su único sustento económico. Maritza recuerda que tuvieron que soportar noches frías e incomodidad durante largas semanas mientras trataban de conseguir un lugar para vivir.

Su puesto de frutas está en la calle 51 de Chasquipampa, en la ciudad de la Paz. No todos los días se consiguen ventas, lo que ha hecho que su situación sea precaria. Además el grave problema que ambas tienen en sus ojos obliga a realizar grandes gastos.

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