“Este lugar ya no es el Lago Poopó, es el desierto Poopó", así describe don Rufino Choque a UNITEL, lo que ha quedado del segundo lago más grande del país, mientras lava sus manos en el último vestigio de agua que queda en el lugar.

"En estos barquitos pescábamos, ahora ya no queda nada", recuerda con nostalgia Pablo Flores, uno de los comunarios de la zona que hace algunos días practicó un ritual para pedir a la Pachamama que renazca el lago.

El Lago Poopó sufre su sequía más grande de la historia. El cambio climático ha provocado que el segundo lago más grande de Bolivia quede prácticamente seco.

Las aves y peces que vivían en el lugar desaparecieron y con ellos los lugareños ahora optan por migrar a las ciudades en busca de mejores días, ya que la caza y la pesca dejó de ser una forma de subsistir.

Los que quedaron realizan permanentes ofrendas a la Pachamama pidiendo que el lago vuelva a llenarse de agua. La esperanza los mantiene aunque  la realidad sea desgarradora.

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