Tiene 62 años, la voz cansada y un caminar lento, pausado. Vive en un pequeño cuarto que comparte con sus tres nietas, niñas de 12, 11 y 2 años y medio, menores que se aferran a sus manos como la única opción de supervivencia y afecto en esta vida.

Su nombre es Carmen Aguilar, vive en la zona Buenos Aires de la sede de Gobierno, y a diario recorre las calles del centro pidiendo limosna para llevar alimento para sus nietas y poder pagar el costo del alquiler que debe cubrir mensualmente por el techo que la cobija de las inclemencias del tiempo.

Su voz se entrecorta, llora y luego se calma. Conversar con doña Carmen es revivir sus dolores más profundos, aquellos que lleva como marcas en el cuerpo y que algunas veces la han hecho pensar en pedirle a Dios que se la lleve a su lado, pero inmediatamente recuerda que aún debe luchar por las pequeñas que la vida le regaló y respira para volver a sumar fuerzas.

La mamá de su nieta mayor, Luz (12), era su hija Lourdes, mujer que perdió la vida en un accidente el 2 de octubre de 2016 en la carretera que va a Sica Sica. Doña Carmen luego de enterrar a su primogénita se quedó con la pequeña ya que su padre no se hizo cargo de ella.

Las otras dos pequeñas Erlinda (11) y Carla (2 años y medio) son hijas de Pamela, una joven de 32 años que hace seis semanas no volvió a casa y obligó a que doña Carmen salga a las calles en busca de la buena voluntad de la gente, para conseguir dinero para los víveres y necesidades que día a día le demanda la vida.

Algunas veces lava ropa para sumar a las limosnas que consigue y tratar de alimentar a las pequeñas, sobre todo a la menor a quien le falta leche para tomar en su mamadera gastada por el uso.

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