Una investigación que ha durado tres años a la cabeza del FBI, la agencia de inteligencia de Estados Unidos, y la Policía australiana, ha permitido la detención de 800 miembros de organizaciones dedicadas al tráfico de drogas, en 18 países.

La clave de la misión, fue lograr insertar y popularizar una aplicación de mensajería entre miembros de organizaciones dedicadas al narcotráfico, que no sospecharon que la aplicación era administrada por el FBI.

La herramienta informática, denominada ANOM, permitía a los investigadores leer las conversaciones que los sospechosos creían encriptadas y protegidas contra el espionaje, cuando en realidad estaban siendo vigilados. Así accedieron a millones de mensajes relacionados al narcotráfico, el lavado de dinero e incluso asesinatos planeados.

Para conseguir popularizar la aplicación entre los delincuentes, se utilizaron a policías infiltrados que se encargaron de vender teléfonos a los criminales, que los utilizaban sin sospechar que se trataba de una trampa.
En la operación también participaron fuerzas de seguridad de Australia, Suecia, Países Bajos y Nueva Zelanda.

Comentarios