El ultraderechista José Antonio Kast de un lado, el izquierdista Gabriel Boric del otro: polos opuestos que se enfrentarán en la segunda vuelta presidencial en un Chile marcado por dos años de protestas sociales que sacudieron a uno de los países más estables de América Latina.

Un primer sondeo post elecciones, de la encuestadora Cadem, arrojó un empate técnico entre ambos candidatos, con un 39%.

¿Quiénes son y que plantean para su país?

José Antonio Kast

Admirador de la dictadura de Augusto Pinochet y en sintonía con líderes como Jair Bolsonaro, Donald Trump y el partido Vox español, el ultraderechista chileno José Antonio Kast se presenta como el candidato del orden para Chile.

"¿Dicen que soy extremo, pero extremo en qué?", se preguntó en campaña el candidato, que disputará frente al izquierdista Gabriel Boric la segunda vuelta el próximo 19 de diciembre.

"No me traten de ultraderecha, porque no lo soy (...) Espero que me califiquen como un candidato del sentido común", afirmó Kast, de 55 años.

Kast, casado y con nueve hijos, es un activo miembro del movimiento católico conservador Schoenstatt. Hijo de inmigrantes alemanes que llegaron a Chile en 1951, su padre se alistó en el ejército durante el régimen nazi alemán, aunque el candidato ha dicho que fue por "obligación".

En Chile, su familia se instaló en la localidad de Paine, en las afueras de Santiago, donde hicieron fortuna con una fábrica de embutidos tradicionales alemanes y Bavaria, una cadena de restaurantes de la que se desvinculó hace pocos años.

Agrupaciones de derechos humanos denuncian que miembros de su familia colaboraron en la detención de opositores en la localidad de Paine durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Desde su punto de vista, la Constitución que en 1980 se promulgó durante el régimen de Pinochet "contenía toda la transición a la democracia" y el gobierno militar entregó el poder tras un plebiscito. "Díganme ustedes ¿qué dictadura ha hecho eso?".

En su programa de gobierno, propone la disminución del gasto público, una reducción tributaria y eliminar varios ministerios, entre ellos el de la Mujer.

Además propone mantener el sistema de pensiones privados instaurado en la dictadura, muy criticado en la opinión pública.

Plantea la intervención de las Fuerzas Armadas en la región de La Araucanía, en el sur de Chile, agobiada por el conflicto con indígenas mapuches y subir las penas de cárcel para los delitos comunes. 

En una de las partes más polémicas, propone dentro de un estado de Excepción la detención en casas o lugares distintos a las cárceles de opositores y la clausura del Instituto Nacional de Derechos Humanos, además de la construcción de una zanja para evitar la entrada de inmigrantes irregulares.

También la derogación de los beneficios compensatorios a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos en la dictadura y la creación de una "Coordinación Internacional Anti-Radicales de Izquierda".

Gabriel Boric

Gabriel Boric rogó porque "la esperanza le gane al miedo" antes de votar el domingo cuando este exdirigente estudiantil de 35 años pasó a la segunda vuelta presidencial con un rival de ultraderecha que asegura que su triunfo traerá el caos a Chile.

"Representamos el proceso de cambio y transformación que viene, (pero) con certezas, con la gradualidad que sea necesaria", prometió desde su natal ciudad de Punta Arenas (sur), a orillas del Estrecho de Magallanes, donde este político soñó desde pequeño con un modelo de bienestar para su país. 

Boric lleva, como lo llama, "un faro que ilumina en una isla desierta" tatuado en su brazo izquierdo y se relaja leyendo, pero su vida real es la de un activista de izquierda.

Boric, que postuló con la edad mínima para aspirar a la presidencia de Chile y fue el menor de los siete candidatos que compitieron para suceder al conservador Sebastián Piñera, se medirá en el balotaje del 19 de diciembre con el abogado de ultraderecha José Antonio Kast, de 55 años.

Boric representa a la coalición "Apruebo Dignidad
", que reúne al Frente Amplio y al Partido Comunista.

Su mayor reproche a la democracia tras la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) es haber continuado con el modelo económico liberal que dejó a una clase media y baja endeudada para pagar educación, salud y pensiones privadas.

Buena parte de sus seguidores y detractores lo vieron crecer como dirigente político desde 2011, cuando lideró protestas estudiantiles por una enseñanza gratuita, en uno de los países con la educación más cara del mundo.

"Nuestra generación irrumpe en política el 2011 despercudiéndose un poco de los miedos que había generado la dictadura y los pactos de la transición", dijo en una entrevista con AFP.

Aludió así a la Concertación, coalición de centro-izquierda que desde 1990 gobernó buena parte de los 31 años de democracia, y que hoy yace desintegrada y desprestigiada como reflejo de la gran crisis de confianza institucional.

En la recta final de la campaña, este joven de ascendencia croata y catalana abandonó su estilo de universitario rebelde por una imagen de alumno ordenado, coherente con el tono moderado y de negociador de esta nueva etapa.

A su época de dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, hace 10 años, atribuye el inicio de los cuestionamientos a un modelo por el que era importante "dar la pelea para hacer de Chile un país más justo", apuntó. 

Aunque entonces la democracia chilena tenía solo 20 años, estos estudiantes cuestionaron "el modelo de desarrollo", la ausencia de derechos sociales, denunciaron que la educación para privilegiados y no un derecho, así como un sistema de salud para ricos y otro para pobres.

Llegó la revuelta social que sacudió Chile en octubre de 2019, en la que Boric jugó un papel protagónico al firmar el acuerdo político -del que se restó el Partido Comunista (PC), que hoy lo apoya- para convocar un plebiscito y así cambiar la Constitución heredada de la dictadura.

Sus detractores reprochan su inexperiencia, su alianza con el PC, su falta de título universitario pese a haber terminado la Escuela de Derecho y también sus cambios de posturas. 

Sus rivales en la carrera presidencial rescataron tuits de Boric saludando a Nicolás Maduro como nuevo mandatario en Venezuela tras la muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013, pero en la campaña el candidato condenó ese régimen y rechazó el saludo de un líder comunista por la reciente victoria de Daniel Ortega en Nicaragua.

"En nuestro Gobierno el compromiso con la democracia y los derechos humanos será total, sin respaldos de ningún tipo a dictaduras y autocracias, moleste a quien moleste", escribió recientemente en redes sociales.

Entre sus seguidores destacan artistas reconocidos como el cineasta chileno Pablo Larraín, autor de "No" (2012) y "Jackie" (2016), hijo del ministro de Justicia del actual gobierno de Piñera y cuya familia figura en la llamada élite de derecha.

Soltero y oriundo de la austral Punta Arenas, se crió en una familia afín a los partidos Socialista y Demócrata Cristiano.  

Si llega a ser presidente quiere "asegurar un estado de bienestar para que todos tengan los mismos derechos, sin importar cuánta plata tienen en la billetera".

Comentarios