Esta semana se conocieron detalles sobre la muerte del británico Richard Huckle, condenado a cadena perpetua en Reino Unido por violar a numerosos niños en Malasia. 

El hombre, de 33 años, que se había declarado culpable de 71 agresiones sexuales y violaciones, estaba recluso en la prisión de máxima seguridad HMP Full Sutton, ubicada en Yorkshire, en el norte de Inglaterra.

El ataque fue perpetrado por Paul Fitzgerald, también encarcelado por delitos sexuales desde el 2009, quien lo violó usando un utensilio de cocina, le metió un bolígrafo en la nariz hasta llegarle al cerebro y lo estranguló con cable eléctrico. 

Fitzgerald dijo que violó a Huckle para que sintiera "el sabor" de lo que le hizo a sus víctimas, todas menores, y calificó su ataque como "justicia poética". "Es un hombre que viola y abusa de niños para divertirse. Podría haberlos matado también. Me inclino a pensar que hizo algo peor que solo violarlos", señaló.

Violador confeso

La policía sospechaba que Huckle había cometido más violaciones de menores que las que confesó, entre su llegada a Malasia en 2006 y diciembre de 2014, cuando fue detenido en el aeropuerto londinense de Gatwick.

La investigación identificó a 23 víctimas, la menor de las cuales tenía seis meses. La policía encontró asimismo un registro en el que detallaba abusos cometidos a 191 víctimas, sirviéndose de su posición como voluntario de una asociación cristiana.

Huckle se centraba en los niños pobres de Kuala Lumpur y preparaba una guía destinada a los pederastas. "Los niños pobres son más fáciles de seducir que los niños de clase media occidentales", escribió.