Tanya Los lavaba tranquilamente los platos el domingo, con su hija Anastasia a su lado, cuando un cohete ruso más grande que ella se estrelló en su cocina. Ambas quedaron ilesas, "un milagro", según la madre, en medio de la intensificación de combates en el frente sur de Ucrania.

La localidad de Mala Tokmachka, donde ocurrió el incidente, ilustra el recrudecimiento de los bombardeos.

Desde hace varias semanas llueven los cohetes sobre esta poblado a 70 km de Zaporiyia, principal ciudad de la región: una de sus escuelas fue destruida, así como el edificio donde se alojan los profesores, y un agujero se asoma en la fachada del centro cultural.

Entre otros edificios destruidos, varias casas fueron alcanzadas el domingo por los ataques aéreos rusos, según Iuri, un poblador convertido en cuadro de la defensa territorial local.

Una de las casas, donde solo las paredes quedan en pie, parece haberse convertido en el reino de los gatos. Media docena de gatos descansan en el patio, abandonados por sus dueños.

La casa de las Los tuvo suerte. Un rincón de la cocina, aislada del cuerpo principal de la casa, fue perforada por un cohete. Láminas de plástico cubren dos secciones de la pared de la sala, que quedó con el piso magullado.

Bombardeos incesantes

"Sin la nevera, mi hija habría muerto", dice Tanya, de 59 años, una mujer pequeña y humilde de hombros encorvados.

"El ícono nos protegió", agregó señalando un calendario religioso en la pared. Anastasia, de 24 años, quedó muy conmocionada, según ella, y no quiso hablar con el equipo de AFP.

Los restos del cohete, incrustado detrás de la cocina, explican su miedo. El tubo plateado de al menos dos metros de largo cortado en dos y con la ojiva y las aletas traseras desprendidas, no debía haber dado oportunidad de vida a las dos mujeres.

"Fue un milagro", sostuvo Tanya.

Por el número de serie en los restos AFP pudo, con los archivos en línea del Establecimiento Noruego de Investigación de Defensa, relacionar el dispositivo con el BM-27 Uragan, un modelo de lanzacohetes de la era soviética.

El cohete que impactó la casa de las Los habría dispersado sus submuniciones en vuelo antes de estrellarse contra la pequeña casa de ladrillos.

"Ahora cada vez que escuchamos ruidos de bombardeo corremos al sótano", contó la madre. "El problema es que desde hace dos días no para, de día y de noche".

Durante la hora y media que AFP estuvo en Mala Tokmatchka, nunca cesó el ruido sordo de las armas pesadas, a veces cerca, a veces lejos.

Lo mismo ocurre en Orikhiv, poblado a unos 10 km de allí.

"Desde hace dos o tres días, los bombardeos se han intensificado", sostuvo Dmytro Malyovanyk, subjefe de una unidad local de bomberos cuyos hombres se movilizaron el martes luego de que un supermercado y un consultorio médico fueron dañados por los proyectiles rusos.

Maleta lista 

"Hace una semana todavía podíamos oír algunos ruidos de la guerra, pero venían de lejos", relató Ira Pelechko, propietario de una tienda de combustibles que pasa la mayor parte del día a oscuras por los cortes eléctricos.

"Ahora, cuando viene del lado ruso, las casas tiemblan y es mucho más frecuente", confirmó Vitaly Dovbnia, uno de sus clientes que dice tener una maleta lista en su vehículo.

El presidente ucraniano Volodimir Zelenski anunció la noche del lunes el inicio de la ofensiva rusa contra el este de Ucrania, pero parece haber comenzado un poco antes en el frente sur, a unas decenas de kilómetros de  Mala Tokmatchka y de Orikhiv.

Artur Kharlamov, quien llegó el martes a Orikhiv después de huir esa mañana de la ciudad sureña de Melitopol, controlada por Moscú, dice que vio soldados rusos cavando trincheras en tres puntos diferentes de la carretera. Del lado ucraniano también se observan trincheras nuevas.

Perdidos en la zona gris entre los dos bandos, las Los están atrapadas en Mala  Tokmatchka, con su poblado cada día un poco más destruido y cada vez con menos habitantes.

Dos vacas constituyen su única riqueza, dice Tanya. Una de ellas está cerca de parir. "No puedo abandonarla", suspira dulcemente bajo el estruendo de las armas pesadas, anunciando que lo peor está por venir.

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