La existencia de una especie de republiquetas particulares en el Chapare, el arrendamiento a título perpetuo de nuestro territorio a una organización ficticia: el Estado Kailasa, el avance del crimen organizado; que se suma a la corrupción y crisis económica, son, entre otros, los ingredientes para decir que Bolivia está siendo devorada por un monstruo marino descrito en la Biblia y por teóricos del Estado, como el Leviatán.
Durante la edad de oro de los viajes marínos, los navegantes europeos vieron el Leviatán como una gigantesca ballena-monstruo del mar, o generalmente una serpiente marina, que devoraba naves enteras al nadar alrededor de sus estructuras rápidamente, creando un torbellino del que debían alejarse lo más rápido posible.
En el libro Génesis, el Leviatán, es mencionado de forma implícita como una serpiente: “Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve”. Leviatán es también el título de una obra del escritor inglés, Thomas Hobbes sobre el contrato social y la creación de un estado ideal, que inspiró la Revolución de Estados Unidos en 1776 y la Revolución Francesa, en 1789 y que dieron lugar a la caída de la Monarquía como sistema de administración de un determinado territorio y la llegada de la Democracia, como el gobierno de todos o del pueblo.
Asimismo, el Leviatán ha inspirado varias obras literarias en las que se lo asocian con el Cachalote, el animal con dientes más grande que existe; los machos pueden crecer hasta 20,5 metros de largo y llegar a pesar más de 50 toneladas. La cabeza mide un tercio de la longitud total del animal y poseen el cerebro más grande entre los animales existentes. La especie se alimenta de calamares y peces, sumergiéndose en su búsqueda a profundidades de hasta tres kilómetros, convirtiéndose en el mamífero marino que se zambulle a mayor profundidad. Es el depredador viviente más grande y posiblemente el mayor que haya existido, no por el hecho de alimentarse de otros animales (lo cual también es cierto en todos los cetáceos, incluyendo las grandes ballenas), sino por realizar depredación activa sobre animales autónomos.
Volvamos a Bolivia. El último escándalo relacionado con la falta de autoridad en el Estado boliviano fue revelado por la periodista de El Deber, Silvana Vincenti. “Niña, te metiste con la nación equivocada”, comienza un audio enviado. “No sabes con quien te has metido”, se escucha en el mismo mensaje remitido desde el teléfono de Pedro Guasico. Guasico está identificado como uno de los líderes del municipio beniano Baure que firmó un acta de alquiler perpetuo, en septiembre de 2024. De acuerdo con el informe, los dirigentes ceden todo tipo de derechos sobre la tierra a los representantes de “los Estados Unidos de kailasia”, por mil años, por la suma de 60 mil hectáreas de territorio Baure por 108 mil dólares anuales.
Ausencia de Estado que se suma a la prohibición para ingresar a la zona cocalera de El Chapare, municipio beniano convertido en tierra de nadie y donde los ajustes de cuentas son “normales” así como secuestros que piden millones de dólares por rescate. Y lo más patético, donde no se puede o no se quiere, ejecutar un mandamiento de aprehensión contra el expresidente Evo Morales.
Hace poco, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, modelo por haber controlado a las pandillas, ha llamado a toda Latinoamérica a poner mano dura contra las organizaciones criminales y les ha dicho que el Estado, como sociedad política y jurídicamente organizada, tiene todas las herramientas para lograrlo, y ha recordado que su misión es mantener la paz y el orden en el territorio.
Teóricos del Estado han coincidió que la caída del Imperio Romano ocurrió por la falta de institucionalidad jurídica y porque las mismas autoridades usaron el poder para enriquecerse y saciar sus apetitos personales. Por eso el monstruo marino del caos terminó por devorarlo.