El expresidente Evo Morales culmina este miércoles con un acto en Chimoré (Cochabamba) su viaje de tres días de retorno a Bolivia.

Casi no descansó desde que llegó a Villazón (Potosí), tras cruzar a pie la frontera con Argentina, donde estuvo como refugiado político durante 11 meses. A partir de allí atravesó a gran velocidad, con una caravana de un centenar de vehículos, 1.200 km de carreteras, algunas de tierra y otras asfaltadas.

Cada lugar que visitó está cargado de gran simbolismo: Uyuni y el Salar que busca transformar en la capital del litio del planeta; Orinoca, la localidad que lo vio crecer. Este miércoles cierra su gira de regreso en su bastión: el Chapare.

Recibimientos  

Miles de campesinos o mineros, casi todos indígenas, lo esperaron durante horas por los distintos pueblos que atravesó la caravana. Vestidos con trajes tradicionales, blandían la whipala, la bandera de siete colores que representa a las comunidades andinas, y bailaban al compás de la música autóctona de pequeñas orquestas de Bolivia.

Las distintas comunidades le ofrecían platos típicos, desde quinoa a carne de llama. Morales saludaba con abrazos y alzaba niños sin ninguna protección sanitaria ante la pandemia del coronavirus.

La mayoría de ellos repite lo mismo: "Evo es como nosotros".

Con 11 millones de habitantes, el 34,6% de los bolivianos vive en pobreza. En un contexto cada vez más crítico por la pandemia.

Bolivia es de los países latinoamericanos con mayor población indígena: 41% de sus 11,5 millones de habitantes.

La casa de paja y adobe donde nació 

El líder aymara no pudo evitar conmoverse cuando visitó la casa de adobe y techo de paja donde nació hace 61 años, situada en Isallave, cerca de la localidad campesina de Orinoca.

"Uno debe siempre volver a sus raíces para fortalecer su ajayu (alma)", dijo el exmandatario.

En Orinoca, donde Evo Morales se trasladó a corta edad, sobresale el Museo de la Revolución Democrática y Cultural, una gigantesca construcción moderna que homenajea a los cerca de 14 años de su gobierno.

El contraste es grande: alrededor no hay más que caseríos con calles atravesadas por cabras y gallinas.

Para llegar a este pueblo se necesitan horas de carretera, en medio de la pampa desértica de tonos ocres, sin más testigos que una gran variedad de cactus, vicuñas y llamas.

Pero no todos reciben a Evo con la misma pasión.

"Que se vaya, acá ya no lo queremos, le gusta mucho el poder a ese", repetía una anciana desde la puerta de un pequeño almacén y bar, que se negó a ir al acto a recibirlo.

Chimoré, donde vivió de joven 

Miles de personas están agolpadas desde la madrugada en Chimoré. La carretera está saturada de vehículos y muchos debieron caminar más de 10 km para llegar.

Este acto tiene un tinte especial para Morales: fue desde allí, exactamente un año atrás, que partió de Bolivia, tras renunciar a la presidencia en medio de protestas por su polémica cuarta reelección.

Muchas personas temen que este regreso triunfal de Morales, poco después del contundente triunfo del MAS, sea una apuesta riesgosa que opaque al gobierno de Arce.

Pero el analista Carlos Cordero minimizó el alcance de esta fiesta.

"Para los simpatizantes de Evo Morales es una noticia importante, para el resto del país, donde tiene muchos detractores, es un elemento anecdótico", opinó.

"Evo Morales es un líder histórico, la política está ahora en manos de Luis Arce. Evo Morales tendrá que reciclarse para volver al poder", añadió.