El presidente izquierdista de Bolivia, Luis Arce, cumple este martes 100 días en el poder en plena crisis del Covid-19 y manteniendo un delicado equilibrio con su mentor, el influyente exmandatario Evo Morales.

Ministro de Economía durante gran parte del mandato de Morales (2006-2019), Arce asumió la presidencia el 8 noviembre de 2020 tras ganar a sus rivales de centro y derecha en los comicios del 18 de octubre con el 55,11% de los sufragios.

Su llegada al poder con las banderas del partido Movimiento Al Socialismo (MAS) puso fin a la presidencia interina de la derechista Jeanine Áñez, y permitió el regreso a Bolivia de Morales después de un año exiliado en México y Argentina.

Todo hacía suponer que por su fuerte personalidad, el exgobernante indígena y leal amigo de Venezuela y Cuba manejaría el poder en la sombra.

Pero el nuevo mandatario ha buscado mantener cierta distancia de Morales.

Durante la campaña electoral, Arce aseguró que Morales no tendría "ningún papel" en su gestión y en su discurso inaugural ni lo mencionó.

Recibió críticas de sus rivales por designar en algunos cargos a varios allegados del expresidente -su hija Evaliz Morales ahora es funcionaria de la Procuraduría General-, la mayoría fueron nombrados como embajadores y ninguno en su gabinete.

El senador oficialista Leonardo Loza respondió a las críticas diciendo que los exfuncionarios de Morales coadyuvan en la actual gestión y que "la derecha no tiene moral para criticar".

Sin embargo, Oscar Ortiz, exministro de Economía durante el gobierno de Áñez, afirma que el exmandatario opina sobre temas del gobierno como si diera instrucciones y que pretende ser "el poder detrás del trono".

Poder de las bases

Morales, que ascendió al poder sobre los hombros de su activismo en el sindicalismo de los productores de hoja de coca, se encontró con un MAS renovado, con el poder ahora en manos de las bases, ya no del líder fundador.

En varias ciudades sufrió el rechazo de los militantes a sus designados para candidatos a gobernadores o alcaldes en los comicios de marzo, pero la zanja quedó claramente ilustrada cuando una silla impactó en su cabeza durante una asamblea del partido en diciembre en su bastión cocalero de Chapare.

"Hay una recuperación del poder en manos de los sectores sociales (...), el partido está recuperando su propia personalidad", dice a la AFP la socióloga María Teresa Zegada.

Morales aspira a seguir conduciendo el partido y ser el próximo candidato presidencial del MAS en 2026, según Carlos Cordero, académico de la estatal Universidad Mayor San Andrés y de la Universidad Católica.

Rol del Estado

Pero en las políticas, Arce ha retomado la idea de su mentor de fortalecer el papel del Estado en la economía como vía para impulsar el desarrollo.

Su gobierno se concentra en reactivar una millonaria planta de urea y amoníaco en la región cocalera del Chapare (centro), el bastión de Morales, e industrializar el litio en el Salar de Uyuni (suroeste), la planicie de sal más grande del mundo, proyectos que requieren inversiones públicas masivas.

Tras los conflictos poselectorales de 2019, que dejó unos 35 muertos, y las tensiones durante el gobierno de Áñez, Arce "ha logrado la paz social", dijo Zegada.

Pero "se necesitan medidas para la recuperación económica, para la estabilidad económica, es lo que está faltando", agrega la profesora de la estatal Universidad Mayor de San Simón.

Bolivia acumula 237.000 contagiados de Covid-19 y 11.200 fallecidos, con una población de 11,5 millones de habitantes

Frente a una economía golpeada por la pandemia -se espera una contracción del PIB de 8,4% y un déficit fiscal de 12,3% en 2020-, el gobierno decidió el pago de un bono de 1.000 bolivianos (144 dólares) a desempleados y familias pobres.

Pero aún está pendiente su propuesta para reactivar la minería, principal actividad exportadoras del país, dijo Cordero.

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