A estas alturas todos tenemos una idea de que los azúcares añadidos están relacionados negativamente con la salud. También los azúcares de los zumos y los smoothies (batidos).

Pero pocos estamos dispuestos a renunciar al sabor dulce de refrescos, galletas, bollería, yogures o mermeladas. La industria lo sabe y por eso, cada vez más, utiliza edulcorantes. El de los edulcorantes es un negocio en alza. Su consumo ha aumentado en los últimos años y su presencia en productos también.

¿Cómo podemos saber si un producto lleva edulcorantes?

Podemos encontrar los edulcorantes en la lista de ingredientes. Pueden ser de dos tipos: intensivos o polialcoholes. Los primeros son mucho más dulces que el azúcar (poder edulcorante mucho mayor) y no aportan energía al producto.


            
            

                            
            

          

Los polialcoholes, por el contrario, sí aportan energía, aunque menos que el azúcar, y también tienen un poder edulcorante menor. Estos los podemos encontrar entre los primeros ingredientes del producto, mientras que los intensivos suelen estar en la cola.

Inicialmente, los edulcorantes se utilizaban de manera diferencial. Los polialcoholes en productos donde el azúcar tiene un papel estructural, como bollería, galletas, chocolate o turrones sin azúcares añadidos. Los edulcorantes intensivos estaban exclusivamente en bebidas.

Sin embargo, desde hace unos años se vienen utilizando ambos cada vez en más alimentos. Así nos podemos encontrar chocolates y bollería con los dos tipos de edulcorantes. Las bebidas siguen teniendo solo intensivos.

¿Existen diferencias entre los productos con azúcar y los que llevan edulcorantes?

Un grupo de investigación de la Universidad Miguel Hernández ha publicado recientemente un artículo en el que comparamos la composición nutricional de productos con edulcorantes y sus originales con azúcares añadidos. Como era de esperar, la cantidad de azúcar disminuye mucho en los productos con edulcorantes. También lo hace la energía, aunque en proporción variable.

La sustitución total de los azúcares añadidos por edulcorantes en bebidas de zumos/frutas produce una gran reducción en la energía. Cuando esto sucede en los refrescos, la energía llega a ser cero.

Sin embargo, cuando los polialcoholes sustituyen al azúcar la reducción en la energía es mucho menor porque estos sí aportan calorías. Además, hay que añadir mucha cantidad para conseguir el mismo poder edulcorante que el producto con azúcar.

Algunos de nuestros resultados fueron sorprendentes. Encontramos que las galletas con edulcorantes tienen más fibra que las que llevan azúcar. Sin embargo, la grasa no disminuye y tampoco lo hace la cantidad de sal. La energía apenas se reduce un 8%, nada significativo desde el punto de vista nutricional.

En cuanto a los yogures, los que tienen edulcorantes tienen menos grasas y menos grasa saturada, sobre todo debido al uso de leche desnatada. Además, tienen una reducción importante en la energía.

Por lo tanto, parece que la sustitución de azúcar por edulcorantes va acompañada de una reformulación de algunos productos. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la mejora no convierte a estos productos en saludables. Las galletas seguirán siendo no recomendables por su alta densidad calórica y contenido de grasa. Los yogures tampoco, precisamente por la presencia de esos edulcorantes.

Edulcorantes y salud

En general, los consumidores tienen una percepción negativa de los edulcorantes, sobre todo de los intensivos. No es de extrañar, puesto que los efectos de los edulcorantes sobre la salud aún son un tema controvertido.

Se ha relacionado el consumo de edulcorantes intensivos con hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular. También con síndrome metabólico, resistencia a la insulina y modificaciones en la microbiota intestinal. Incluso sus efectos sobre el peso corporal son contradictorios.

De hecho, algunas instituciones públicas internacionales no recomiendan el uso de edulcorantes. Es el caso de la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud e incluso el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Además, en algunos países, las bebidas con edulcorantes tienen un impuesto disuasorio, al igual que las azucaradas.

Llamando la atención

Si los consumidores tienen una idea negativa de los edulcorantes, ¿por qué su uso sigue en aumento? Hay varias explicaciones a esta aparente paradoja.

Una es porque la presencia de edulcorantes no se anuncia en letra grande, sino en pequeña, al lado de la denominación del producto (es obligatorio). De esta forma, pasan inadvertidos fácilmente.

Otra razón es que una parte importante de los productos con azúcares añadidos también llevan edulcorantes. Esto rompe los esquemas del consumidor, acostumbrado a la presencia de los unos o los otros, pero no de ambos a la vez. De hecho, las versiones “originales” con azúcar de muchos refrescos también llevan edulcorantes. De esta manera, incluso quien elija tomar azúcares añadidos está tomando también edulcorantes sin ser consciente.

Hay una tercera razón. Los productos con edulcorantes se suelen anunciar como “sin azúcares añadidos”, “light” o “cero”. Estos reclamos, denominados declaraciones nutricionales, funcionan muy bien porque el consumidor percibe que el producto es más saludable de lo que realmente es. De hecho, los productos con edulcorantes utilizan más declaraciones nutricionales y de salud que el resto.

En conclusión, los azúcares añadidos o los edulcorantes no son recomendables. Además, debemos desterrar la idea de que los productos con edulcorantes aportan menos energía, porque depende del tipo de alimento.

La mejor opción para cuidar nuestra salud es acostumbrar nuestro paladar a alimentos con menor dulzor de manera progresiva.The Conversation

Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología - Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández; Fernando Borrás Rocher, Profesor Bioestadística Facultad Medicina, Universidad Miguel Hernández y Marta Beltrá García-Calvo, Profesora de Nutrición y Bromatología. Colaboradora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.


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