El viernes por la tarde los vecinos del barrio Tatú, que está en el límite imaginario que hay entre las ciudadelas de la Villa Primero de Mayo y el Plan Tres Mil, detuvieron y golpearon a dos varones que fueron encontrados tratando de huir luego de haber robado en una vivienda algunas garrafas.

La furia de la gente hizo que golpearan a los involucrados en el robo de la casa. La Policía llegó, se llevó a los sospechosos y una vez conocida las identidades y las edades de los involucrados, se supo que un adolescente de 16 años era el líder y el ‘cerebro’ de los golpes a las viviendas que hay por la zona.

De acuerdo con la explicación del fiscal que conoció el caso, Carlos Montaño, el menor de edad contó en su entrevista indagatoria que él se dedica al robo de casas desde hace varios años y que era el líder de la banda de ‘monrreros’ (ladrones de casas) que golpeaban en los barrios de ambas ciudadelas.

Pero la declaración del adolescente fue más allá del hecho que provocó la reacción de los vecinos cansados de los robos, ya que el menor contó que desde sus 12 años es parte del mundo delictivo, espacio en el que lo metió su padre.

“Lo conocen como el ‘Negro Garrafa’”, explicó el adolescente, al referirse a la identidad de su progenitor, quien se encargó de enseñarle las malas mañas que hay en el mundo del hampa, donde el menor se movía como ‘un pez en el agua’. “Mi papá trabaja por su cuenta y yo por la mía”, refirió el adolescente, a tiempo de afirmar que los negocios ilícitos de padre e hijo no se ‘chocaban’ en las mismas zonas.

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Los informes policiales dan cuenta que este muchacho de 16 años era el encargado de estudiar las viviendas, ingresar al lugar como líder de la organización y ver que todo ‘salga bien’ al momento del robo. Incluso se ocupaba de preparar la ruta de escape del vehículo que los acompañaba en el robo y de ubicar en lugares estratégicos a los ‘campanas’, cuyo trabajo era avisar con el tiempo suficiente para huir, si es que la Policía o los vecinos se daban cuenta del robo.

El hombre que cayó junto al adolescente el viernes, es un súbdito de nacionalidad colombiana que ingresó por un paso fronterizo no autorizado en la zona de Desaguadero, el límite entre Perú y Bolivia. Al no encontrar trabajo, según indica en su testimonio, se involucró en la delincuencia y formó parte de la banda que lideraba el adolescente.

El extranjero se sometió a un procedimiento abreviado y será condenado a tres años de prisión por petición de la Fiscalía, que lo sindica de robo agravado. El menor y cabeza de la organización criminal que aún tiene a otros miembros prófugos, será presentado mañana en un Juzgado del Menor y será procesado como un infractor.

Pero el testimonio del menor no solo reveló su posición en la banda de ‘monrreros’, ni el adiestramiento que le dio su padre para ingresar en la carrera delictiva, también permitió conocer que el adolescente fue inducido a consumir pasta base de cocaína o conocido como ‘pitillo’ por su progenitor, vicio que el adolescente indica es imprescindible al momento de actuar en los robos en los que él se vio involucrado.

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