A dos días de su asesinato, finalmente este martes un hombre reconoció a Keila como su sobrina e inició los trámites para su sepultura. Familiares contaron que ella perdió a sus padres hace varios años, vivió en la calle y tras enterarse que estaba nuevamente estaba embarazada buscó la manera de salir adelante, hasta que su vida fue truncada el sábado.

Lamentablemente no hay quien colabore a la chiquita, yo estoy asumiendo como tío para su sepultura. Este local también me he prestado”, manifestó el tío de la víctima.

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El hombre contó que no tiene muchos recursos pero decidió asumir los gastos para el entierro de Keila, pues ella había perdido a sus padres hace muchos años.


Ahora es velada en un inmueble en Alto Obrajes. Los familiares contaron que tras la autopsia que realizaron los médicos se decidió que sea enterrada con su bebé en el vientre. 

PERDIÓ UN HIJO Y A SU HERMANO

El hermano de Keila contó que eran tres los hermanos en su familia; sin embargo, hace más de ocho años su madre había fallecido y meses después su padre fue enviado a prisión, fue por ello que fueron enviados a un albergue.

Sí, somos huérfanos de papa y mamá. Nos han dejado pequeños. Por eso también nos hemos separado en distintos lugares”, manifestó el hermano.

Cuando Keila cumplió la mayoría de edad, salió del albergue y a los meses tuvo a su primer hijo, lastimosamente cuando cumplió cinco meses de edad el niño falleció. A ese dolor se sumó la muerte de su hermano de seis años que falleció víctima de leucemia.

Todo esto provocó que Keila entre en un profundo estado de depresión, se alejó de su familia y comenzó una vida en la calle donde conoció el frío y el hambre.

Hace pocos meses se enteró que estaba embarazada y decidió darse una segunda oportunidad en la vida y también en el amor.

“Yo la he visto bien, estaba con su barriguita, estaba tranquila y buscando trabajo y todo. Me ha presentado a su pareja”, contó una de sus familiares.

Sin embargo, la alegría que vivía Keila duró poco. El sábado fue asesinada en la calle Figueroa por un hombre cuya relación con la víctima se desconoce, pues incluso cuando debía declarar en la Fiscalía decidió acogerse a su derecho al silencio.

Ahora la familia pide justicia y “si no es la justicia del hombre”, tienen la esperanza que será la justicia divina que castigue al hombre que le quitó la vida a Keila y al bebé que esperaba.


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