Griselda Salvatierra dejó de ser un nombre anónimo en la capital cruceña. Esta mujer de 55 años, la mayor de una familia de seis hermanos y buena vecina del barrio Carlos Laborde, ahora es la acusada de matar a su hija e intentar asesinar a otros menores en un arranque de furia que aún nadie entiende.

“No sabemos qué pasó. Ella amaba a esas peladitas (niñas)”, contó una vecina, mientras que otra dijo que “poco y nada hablaba, apenas saludaba. No tenía relación con el barrio”.

Griselda era, según los testimonios de las personas que compartían el vecindario, una persona tranquila, amable con los cercanos, cariñosa con sus dos hijas y respetuosa con la gente que la frecuentaba.

“La conozco de mi niñez, era la esposa de mi tío. Nunca le vi estos comportamientos”, declaró entre lágrimas su sobrina política.


Sin embargo su historia cambió al final del sábado pasado, cuando de un momento a otro y sin razón aparente, atacó con un cuchillo a su vecina y a sus hijas, para luego degollar a una de sus dos primogénitas, ambas adolescentes con discapacidad y confinadas a una silla de ruedas.

Todos quienes conocen a Griselda afirman que ella es una persona amorosa con sus hijas. Nadie se puede explicar cómo y sobre todo por qué mató a una de ellas, mientras la justicia ya ordenó su encarcelamiento por 180 días sin que aún se conozca un informe siquiátrico oficial que confirmen lo que todos piensan, que Griselda enloqueció por razones que todavía nadie comprende. 

Comentarios