Este 6 de junio se celebra el Día del Maestro en Bolivia, para recordar esta fecha tan especial reproducimos un artículo de Rafael Feito Alonso, publicado en la web especializada The Conversation, sobre la labor de los profesores y cómo son aquellos maestros que nunca olvidamos. 

Algunos rasgos comunes

A partir de las entrevistas realizadas y de la observación participante en las aulas, es posible detectar una serie de rasgos comunes que comparten los “buenos” profesores y que son las siguientes:

-Capacidad para ser un profesional que actúa con cierto grado de autonomía, especialmente en lo que se refiere a los contenidos curriculares y los libros de texto.

-Intento de adaptar al mundo de los propios estudiantes los contenidos que se han de impartir, con un cierto énfasis en el aprender a pensar.

-El deseo de fomentar la autonomía de los estudiantes. Al ser las de estos profesores clases en las que la palabra del estudiante es importante, estas se encuentran transidas por lo inesperado y la permanente apertura al cambio.

-Buenas relaciones con los propios compañeros, con el equipo directivo y con la comunidad educativa en general. Los profesores entrevistados son claramente partidarios del trabajo en equipo, lo cual supone llevarse bien –o tratar de hacerlo– con el resto de sus compañeros o, al menos, buena parte de ellos.

-Determinadas características personales: entusiasmo, cierto grado de identificación con el mundo de los menores (un amigo me contaba cómo la pasión por el heavy metal de un profesor de Matemáticas había ayudado a su hijo a amar esta materia), convencimiento de hacer bien las cosas, sentido del humor.

Profesores de película

¿Qué profesor podría superar las vívidas explicaciones que suministra alguien como, por ejemplo, David Calle? O, al margen de internet, basta con traer a colación el caso que se narra en la película de Adolfo Aristarain Un lugar en el mundo. En un par de escenas se puede ver cómo los niños de la escuela de un lugar recóndito de Argentina aprenden sobre las edades de las rocas de la mano de un geólogo al que da vida José Sacristán, cuya dicción –dicho sea de paso– no está al alcance de cualquiera.

Y, si nos fuéramos a la universidad, ¿quién podría superar el magnetismo de Michael Sandel? En definitiva, nunca el profesorado ha contado con tantos recursos y modelos para poder enseñar. Y no me olvido de un elemento imprescindible: el libro. Hoy en día, el acceso a los libros es más fácil que nunca, no solo por la posibilidad que ofrecen los libros electrónicos, sino por la comodidad de solicitarlos en una biblioteca pública o simplemente adquirirlos.

Si bien es cierto que algunos profesores hacen una suerte de dramatización en sus clases, lo que parece claro es que si su labor no va más allá de explicar los contenidos oficiales, la red siempre hará un mejor trabajo.

La historia de Jaime Escalante (N. d E)*

Otra historia de película es la del boliviano Jaime Escalante. El profesor boliviano que una figura mítica para el sistema de educación pública de Los Angeles (EEUU), donde gracias a su tenacidad como pedagogo en física y matemática logró convertir a una generación de estudiantes pobres del este de Los Angeles, donde viven las minorías latina y negra, en astutos matemáticos.

Su legado en la educación alcanzó notoriedad mundial cuando en 1988 se estrenó "Stand and Deliver", titulada en español "Con ganas de triunfar" o "Lecciones inolvidables", donde el actor Edward James Olmos encarnó a Escalante, un profesor que recurrió a los métodos menos ortodoxos para motivar y enseñar a estudiantes de bajos recursos en un barrio azotado por problemas sociales.

Tras estudiar inglés de noche para poder enseñar y luego sacar un grado de matemáticas en la Universidad Estatal de California, Los Ángeles, Escalante obtuvo un puesto en 1974 en la escuela Garfield, en el este de la ciudad californiana, donde su vida académica dio un giro.

Escalante murió en 2014 de cáncer a los 79 años en Sacramento, capital de California (oeste).

La clase, un escenario irrepetible

Por otro lado, ¿quién vería a un mismo actor dos veces por semana durante un cuatrimestre? No creo que ni siquiera Rafael Álvarez El Brujo lo consiguiera. Entonces, ¿qué puede hacer un profesor? La clase debería ser un escenario único, irrepetible. Habría de ser un lugar y un tiempo en el que se pudiera debatir sobre lo leído, lo aprendido o lo practicado, hacer lo que solamente se puede realizar in situ (un experimento, una actividad física, una dramatización…).

Condiciones para ejercer

Pero quizás la pregunta no sea tanto en qué consiste ser un buen profesor, sino en cómo crear las condiciones materiales que posibiliten que todos los profesores sean excepcionales, cada cual con su estilo. Y aquí es donde entramos en el terreno de la organización de los sistemas educativos, de los centros escolares y de los proyectos educativos de estos últimos.

Un profesor puede ser en sí mismo –considerado aisladamente– bueno, pero malo en determinados contextos. Por ejemplo, creo que casi todos los espectadores de la película El club de los poetas muertos consideran que el profesor que encarna Robin Williams es excelente y que muy posiblemente deje una huella profunda en sus alumnos. Sin embargo, su evidente falta de conexión con el funcionamiento de su escuela conduce a la tragedia de un suicidio adolescente.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.


Comentarios