Este 1 de mayo se recuerda el Día del Trabajo, en Bolivia millones de hombres y mujeres trabajan en diferentes rubros, la pandemia por el Covid que inició en 2020, ocasionó que muchos tengan que buscar o cambiar de oficios para poder sustentarse y a su familia.

María Luisa Romero es una mujer en las que sus jornadas laborales transcurren entre medio de cepilladuras, clavos y barniz, su relación con el oficio de la carpintería empezó hace 21 años y desde entonces, se perfeccionó en este oficio que tiene aires de arte.

Ella es una víctima más de la pandemia ya que de pronto los muebles que fabrican dejaron de venderse como antes, por lo que tuvo que buscar una alternativa; es una cultora de leyenda de la ciudad donde proviene “El Alto de pie, nunca de rodillas”.

El sonido de la madera pasando por la cepilladora y la sierra cortando los tableros es lo que le apasiona a esta valiente madre de familia, aunque ese afecto por ese oficio le ha costado varios accidentes.


María Luisa responsabiliza a su esposo por el hecho de haber cambiado el oficio de la peluquería por la carpintería, él entre bromas, expresa que este es un hecho más donde el alumno superó al maestro.

“Yo le he enseñado durante todos estos años, y ahora resulta que la maestra es ella, yo soy el ayudante, ha mejorado la calidad bastante, la creatividad también”, cuenta Héctor Delgado a la red Unitel.

Pero pese a que hay amor por la carpintería en las manos de María Luisa, es un oficio que pasa factura y a veces muy pesada, ella cuenta que antes podía armar hasta 10 cómodas en una semana y ahora apenas tres.

María Luisa espera que estos joyeros que ahora realiza con dedicación se destinen a mujeres como ella, trabajadoras y luchadoras.

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