La fiesta de la Virgen de Urkupiña, es uno de los eventos culturales y religiosos más grandes de Bolivia, una simbiosis de tradiciones y de fe. Los devotos acuden cada año a pedir favores o a cumplir promesas a la Virgen.

El párroco de San Ildefonso, Iván Vargas, señala que se decidió suspender todas las actividades presenciales por segundo año consecutivo, debido a la pandemia, puesto que la celebración como se realiza tradicionalmente, implica aglomeraciones. La misa será vía virtual.

Los feligreses, que empezaban a llegar desde julio, este año son escasos. Muy pocos son los que llegan con anticipación (la fecha de celebración es 15 de agosto) para cumplir con tradiciones como la extracción de piedras con combos.


“Es una creencia en que mientras más grande la piedra que se extraiga de un solo golpe, más grande es el favor recibido. Al siguiente año, los fieles deben devolver la piedra al mismo lugar en agradecimiento a las dádivas recibidas”, señala el antropólogo Antonio Rocha.

Comerciantes, como los vendedores de réplica de la imagen de la Virgen de Urkupiña, señalan que sus ventas han bajado en un 90% en comparación con años antes de la pandemia, en esta misma época.

Según René Valdez, presidente de la Asociación de Fraternidades Virgen de Urkupiña, la festividad genera un movimiento económico de millones de Bs 280 millones.

La economía se mueve con la confección de trajes, la música de las bandas, la venta de réplicas de la imagen de la Virgen y otras artesanías, además del servicio hotelero y gastronómico.

Te mostramos un reportaje especial sobre esta festividad que puedes ver a continuación:

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