La alegría de Maribel es contagiante, le encanta bailar, es una pequeña feliz a pesar de las adversidades que debe enfrentar junto a su madre. Ambas son albinas y tienen problemas de visión pero a pesar de ello, la niña nunca pierde la sonrisa.

Ella es la fuerza para Maritza Mamani, una mujer de 22 años, que lucha cada día para sacar adelante a su hija. Durante dos meses tuvieron que vivir en un quiosco, el mismo que utilizan para vender fruta y que es su sustento económico, aunque a veces, el día no es como lo esperan. 

"Cuando nos va bien en la venta, comemos, cuando nos va mal, no lo hacemos", dice esta joven madre que cría sola a su pequeña luego de que se separara de su concubino, un hombre al que recuerda con dolor pues ella era víctima de violencia, un calvario que vivía en solitario y del que afortunadamente escapó, aunque reconoce que no denunció por presiones de la familia de quien es padre de su niña.

"En la casa me agredía, me pegaba (...) te voy a matar me decía. vivía con ese trauma. Me daba pena, llegaba borracho, no me daba ni un centavo para comer", señala Maribel.


Su puesto de frutas está en la calle 51 de Chasquipampa, en la ciudad de la Paz. "En la madrugada sentimos frío, a veces no podemos dormir. Me da pena despertarla", dice Maritza quien debió enfrentar temperaturas bajo cero dentro del quiosco que se convirtió también en su hogar.

Las carencias que tienen y su necesidad de recibir ayuda de profesionales en oftalmología fueron conocidos en La Revista. Para quienes quieran ayudar a esta joven madre y a su pequeña pueden llamar al teléfono 71525700.


(Foto: Maribel y Maritza vivieron en el quiosco que usan para vender frutas)

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