Me decidí a contar la historia de cómo fui estafada con mi vestido de novia. Cuento esto para que no le vuelva a pasar a nadie, abro hilo”, así comenzó Pauli Arévalos el relato en Twitter de su lamentable experiencia con el diseñador paraguayo Fernando Preda, quien reside en Tulum, México.

Todo comenzó el 15 de agosto del año pasado cuando se comprometió con su novio para casarse el 19 de junio, poco después decidió encargar la confección: “Yo quería mi vestido cuanto antes para poder librarme de ese ‘estrés’. El 27 de agosto decidí escribirle a Fernando Preda, diseñador paraguayo que vive en Tulum. ‘Amigo’ a quien siempre admiré mucho”.

Los primeros bocetos le llegaron el 8 de septiembre. “Primero la idea era que yo compre las telas de una tienda de NY (Nueva York, EEUU) que el me recomendaba, se las enviaba y él se encargaba de la confección. Pero días después cambia de idea y me dice que él se encargaría de todo”.

Acordaron que el vestido de novia tendría un costo total de $us 2.870. un costo elevado, pero que se justificaba por el diseño exclusivo. 

“Para mí era mucho dinero, sobre todo porque acá en Miami conseguís un vestido hermoso por SU$ 600, pero bueno, iba a ser mi vestido soñado, diseñado para mí y ya tenía mis ahorros para esto”, continúa.

El 12 de setiembre, Fernando solicita un adelanto de Su$ 250 “para empezar” y luego pidió más: “El 17 de septiembre me pide Su$ 800 para comprar más materiales. Siempre que me pedía, yo obvio le enviaba en el día. Confiaba en que me decía la verdad y estaba muy emocionada con mi vestido. El 1 de octubre me pide otro adelanto del mes y que le vuelva a depositar SU$ 800″, refiere el hilo.

“El 6 de noviembre me escribe diciendo que el velo ya está prácticamente listo y que necesitaba SU$ 600 para terminar. (En eso justo me quedo sin trabajo por la pandemia y no pude transferirle en el día. Pero le pido que avance con el vestido, que era lo que me importaba)”, relata.

Entre pedidos y demás, en una de las conversaciones Pauli comentó que ella había pedido que el vestido llevara ciertos detalles que para ella eran imprescindibles, a lo que también cuestionó al confeccionista: “¿Lleva ballenas? Porque era en lo que quedamos y él me responde: ‘Sí, muchísimas’ y que con el bordado ya estaban a full”.

El acuerdo era que el vestido quede listo para Navidad, pero el diseñador seguía poniendo pretextos y pidiendo plata.

"No recibo noticias, le vuelvo a escribir el 25 de enero cada vez más preocupada porque nunca aparecía si yo no le escribía. Y en ese entonces ya le había pagado casi la totalidad, solo faltaban $us 20 y el velo que le pedí dejar para último momento. El 9 de febrero me vuelve a cambiar la fecha de entrega para el 10 de marzo y me pide el dinero pendiente ($us 20) para poder 'acelerar'

Siguió extendiendo las fechas hasta abril, con idas y venidas, pretextos del diseñador e incluso pedidos de más dinero. 

Cuando finalmente llegó el vestido: en pésimo estado, sin ballena, con fallas en las medidas, manchado y sin caja; cuando, además del pago por el vestido, Preda había solicitado un monto específico por la caja para precisamente prever todos los cuidados necesarios.



A pesar de aquella gran desilusión y de perder mucho tiempo y dinero, además de todo el estrés generado debido a los hechos que vivió en todo ese tiempo, la historia terminó como un verdadero cuento de hadas: “Pero, por suerte, todo tuvo un final feliz, 2 días antes de la boda fui a un outlet y compré mi vestido por muchiiiiiiiisimo menos y me quedó perfecto”, finalizó la novia.

Fernando Preda se justificó y primero publicó una foto del vestido en sus historias de Instagram y que fue reposteado por varios usuarios.


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