En medio del caos que vivimos como país, es natural sentir enojo, frustración e impotencia; pero, las crisis sacan lo mejor y también lo peor de las personas. Y es allí donde debemos preguntarnos con honestidad:
“qué estamos alimentando como sociedad?
El creer que cambiar el país consiste únicamente en señalar culpables, criticando al otro nos hace vivir en constante confrontación. Y si bien, la crítica consciente es válida y necesaria, pero debe ir acompañada de responsabilidad, diálogo y propuestas.
Desde una mirada más profunda todo aquello que rechazamos con intensidad también termina atrapándonos. Todo aquello a lo que nos resistimos persistentemente, permanece y la queja destructiva constante trae más de lo mismo.
El odio genera más división y la descalificación genera más violencia. Entonces, poco a poco terminamos convirtiéndonos en aquello mismo que criticamos.
Cuando una sociedad vive únicamente desde el reproche, entra en un círculo peligroso: nadie escucha, nadie construye y todos compiten por tener la razón, así nace el resentimiento colectivo.
Hoy Bolivia no necesita más enfrentamientos entre oriente y occidente; no necesita ciudadanos viéndose como enemigos. Necesita unión, diálogo y madurez emocional para comprender que pensar distinto no debería convertirnos en adversarios, al contrario, debería unirnos porque todos queremos lo mismo: estabilidad, oportunidades, paz y un futuro digno para nuestras familias.
El boliviano que ama a su país, justamente por ese amor, debe aprender a dejar de alimentar discursos, mensajes o diálogos que fracturan más al país, ya que criticar sin proponer no construye, al contrario, destruye al otro, nos vamos destruyendo como nación.
Y una de estas soluciones será cuando dejemos de actuar como bandos enfrentados y comencemos a sentarnos en mesas de diálogo con humildad, escuchándonos de verdad, buscando puntos de encuentro y entendiendo que ninguna región es más importante que otra.
Oriente y occidente se necesitan.
Todos somos Bolivia.
Y es que el cambio más profundo que podemos hacer hoy como bolivianos, es más humano: debemos dejar de vibrar desde la queja permanente, transformar la indignación en propuestas y comenzar a construir desde la conciencia, la responsabilidad y el amor por nuestra patria.
Bolivia necesita que empecemos a alimentar unión, no división.