La Batalla por Latinoamérica 2

La anterior columna que publiqué en la mayoría de los medios que generosamente me las acogen fue un recorrido a vuelo de cóndor por la historia de Nuestra América desde la llegada a San Salvador (Guanahí) hasta hoy y una introducción —aún más rápida— a un concepto que me ha sido caro desde hace muchos años: ¿cuán justas y beneficiosas fueron las independencias de las nuevas repúblicas para todos los que hemos vivido en estas tierras de Dios (criollos, indígenas, mestizos, negros) o si —con memorables excepciones en las primeras hornadas, como Francisco de Miranda y otros más como el párroco Miguel Hidalgo y Costilla y José Martí— fue, de un lado, la lucha de criollos para mantener y potenciar sus privilegios (excluyendo a los indígenas y negros e, incluso, muchos mestizos) y, de otro, la voracidad para conseguir mercados y adeudantes (las nuevas independizantes y las ya independientes) de los campeones del capitalismo en expansión: Albión y, después, su heredero de Norteamérica (sin olvidar Francia, que nos “cargó” la etiqueta de l’Amérique latine para “dorar” su intromisión).

De los cuatro Reynos que el Imperio español creó en Nuestra América con el nombre de Virreinatos: Nueva España, Perú, Nueva Granada y Río de la Plata (estos dos en el siglo 17) —con los mismos fueros que los que tuvieron los que, en distintos momentos, fueron los Reinos españoles del otro lado del Atlántico: los Reinos de Castilla, Aragón, Navarra, Portugal, Cerdeña, Nápoles y Sicilia más el Ducado de Milán y el Condado de Flandes—, las guerras de independencia y el siglo siguiente “parieron” 21 repúblicas (incluyo Haití y Puerto Rico, éste aún en el limbo). La pregunta entonces es —y en esto, aunque no coincida con la mayoría de su política, reescribo a Lula en la CAF—: ¿por qué nos separamos? ¿Porque los generales y doctores —caudillos ellos— eran iguales a muchos de nuestros gobernantes contemporáneos —caudillos también, progres veintiuneros la mayoría, algunos sobrevivientes de entonces como el mismo Lula? ¿O fue —sigue siendo— porque la unidad (o desunión) era a su manera?

A inicios de 2024, la Región estaba fragmentada en un colorido ideológico.

Pero tampoco en economía la situación era halagüeña: Respecto del Producto Interno Bruto a Paridad de Poder Adquisitivo (PIB PPA, que es una medida que ajusta el PIB de un país para reflejar el verdadero poder de compra de su moneda) algunos “parecieran” ser exitosos, como Brasil que con casi USD 5 billones (5B) ocupaba el noveno lugar mundial (todos datos FMI 2025), o México el décimo tercero con casi USD 3,5B o Argentina el vigésimo noveno con USD 1,5B, en una lista de 203 países donde Haití ocupaba el lugar 147 —último de los 22 mencionados en la Región y excluyendo Cuba— con USD 37 MM (mil millones) y Nicaragua el 124 (USD 63,5 MM). Pero algo muy diferente es cuando analizamos esos datos respecto de la población (el PIB PPA per cápita): Puerto Rico encabeza la lista regional (puesto 40 de 190) con USD 51,5 miles (K), Panamá el 53 (USD 43,6k) y así con Argentina en un distante puesto 69 con USD 31,3K, México en el 77 con USD 25,7 K y Brasil en el 82 con USD 23,3K. (Haití está en el lugar 175 con menos de USD 3 mil anual, cercano de Honduras ubicado en el puesto 135 con casi USD 8 mil, los dos con más miseria en Nuestra América). (Como dato interesante, EEUU tiene un PIB PPA de USD 30,62B [lugar 2] y su PIBpc PPA es de USD 89,599 [puesto 10] mientras que el PIB PPA de China fue de USD 41,02B [puesto 1] y su PIBpc PPA de USD 29.191 [74], lo que confirma que lo que se genera no comulga con la población a la cual propocionalmente equivale).

En resumen: Una América Nuestra al sur de Río Grande rica pero con muchos pobres. La dicotomía de nuestra historia, un canto de sirena siempre para la violencia igualitarista, no importa la etiqueta.

En uno de esos ciclos que a bandazos paradójicos tantos hemos tenido en Nuestra América, hoy entramos en un ciclo en el que casi todos los países se ubicarán entre la centro y la centro derecha pro mercado, incluso algunos más a la centroizquierda (como Guatemala) pero adoptando lo posible de ese modelo. En 2025 Ecuador reafirmó su vocación pro mercado reeligiendo a Daniel Noboa; Bolivia salió del dicenio perdido; Argentina reafirmó su proyecto libertario y Chile y Honduras desplazaron, con la derecha pro mercado, a sus gobiernos de la progresía; para este 2026 los pronósticos prevén reafirmarse en su centroderecha pro mercado a Costa Rica y Perú (éste después del desastre castillano y la inopia de Boluarte y Jerí), mientras en Haití lo único cierto es que hasta ahora avanza, continuo, hacia acompañar a Cuba como Estado fracasado; por otro lado, los fiascos de Petro auguran muchísimas dificultades para repetir la victoria (sufrida) de 2022 de la Colombia woke.

La elección restante —Brasil— es la gran apuesta entre la izquierda y la derecha brasileras y latinoamericanas en general: en las elecciones de 2022, Lula ganó a Jair Bolsonaro por el 1,8 % casándose con casi todo el resto del espectro político (izquierdas, centro y hasta derechas) y el país que encontró estuvo dividido entre afecto y desafecto en similar proporción; para las de octubre de este año, la incógnita persiste: los opositores, desunidos, los encabeza Flávio Bolsonaro en minoría y, en suma, el octogenario Lula da Silva podría ganar la primera vuelta (pocos días antes de su aniversario 81) con posible facilidad y en la práctica alcanzaría, con cuatro presidencias, a Getúlio Vargas (1930-1934; 1934-1937; 1937–1945 y 1951-1954) pero una segunda vuelta, a más de nueves meses vista, podría ser muy incierta: las regresiones de las encuestas van reduciendo, en pronóstico, las diferencias y dando menos certidumbre a Lula.

En resumen, para noviembre de este año, Nuestra América podría tener un nuevo mapa político (más que ideológico).

Confiemos que en 2030 Nuestra América crecerá su PIB PPA —con o sin globalismo, con Donroe o no— y tendremos PIBpc PPA realmentes dignos.