Manifiesto incorrecto, el libro presentado por Daniela Murialdo López, con el prestigioso sello de editorial Plural, es un grito de rebeldía contra una forma de dictadura: el intento de imponer una forma de pensamiento único; la dictadura de lo que la intelectualidad autodenominada “progresista” consideraba “correcto”.
Frente a ello, las columnas de opinión de nuestra amiga Daniela, analizando tanto hechos del ámbito nacional como del internacional, se atrevieron a desafiar desde Bolivia la impostura y las contradicciones de una corriente de pensamiento que desde hace varias décadas viene tratando de definir lo bueno y lo malo desde su exclusiva y única perspectiva.
Por ello, el título del libro de la autora Murialdo López es tan acertado, constituye un verdadero manifiesto desde el cual se denuncian las falacias de los argumentos de quienes, desde su arrogancia intelectual, se atribuyen la autoridad moral para juzgar y condenar a quienes se atreven a desafiar la nueva ortodoxia definida por ellos.
Es “incorrecto” porque justamente enfrenta las verdades absolutas que las corrientes progres buscan imponer.
No lo hace desde una posición conservadora o religiosa, que también sería legítima, sino desde quien reivindica el auténtico respeto a la libertad de pensamiento, a la coherencia con la tolerancia mutua con las distintas formas de pensar que deben convivir en una sociedad abierta y democrática.
No se queda en pequeñas batallas, sino que, desde su posición de mujer, esposa y madre, con estudios, profesión e ideas bien formadas, Daniela enfrenta temas tabús como el feminismo convertido en una ideología absolutista, mostrando la manipulación y la distorsión de lo que obviamente constituye una causa justa.
Cuando aún no se hablaba en nuestro país de las posiciones que critican al movimiento woke, las columnas de opinión recopiladas en esta publicación ya lo hacían. No desde la estridencia discursiva en la cual se cae en las sociedades polarizadas del mundo moderno, sino desde la argumentación fundada en la lógica y el sentido común, de quien procura la coherencia entre sus pensamientos y acciones.
Desde esto punto de vista, Daniela desarrolla una verdadera “batalla cultural”, aunque ella no utiliza el término, defiende el derecho de distintos sectores de la sociedad a tener sus creencias, sus principios, valores y su Fe, sin ser “cancelados”, como seguramente también le ha podido pasar a ella misma.
Y es que la cultura de la “cancelación” muestra la intolerancia de los “tolerantes”, de aquellos que tienen una mirada unidireccional de la sociedad, cuestionando y sentenciando a la infamia a quienes no encajan en su visión de lo correcto mientras guardan silencio frente a los abusos y miserias de su propio lado.
Esta cultura de la cancelación, que lamentablemente impera en los campus de las universidades más prestigiosas del mundo, sacrifica a muchos de sus mejores profesores e investigadores porque no comulgan con su forma de pensar.
De la misma forma que estos pensadores y activistas callan frente a los escándalos de abusos sexuales del caso Epstein, de los varios ministros del PSOE español o de importantes dirigentes de Podemos, aquel partido español cuyos militantes llegaron a escribir incluso las constituciones de Venezuela, Ecuador y Bolivia.
En nuestra realidad nacional, qué mayor impostura que el silencio que guardaron todos los exponentes de estas corrientes frente a los abusos de poder de Evo Morales, quien no solo se burlaba públicamente de las mujeres, sino que literalmente abusaba de ellas, y aún peor, con una particular y pervertida obsesión por las menores de edad. A pesar de ello contaba con el apoyo militante de la mayoría de los referentes progresistas, como se autodenominan, tanto de Bolivia como del exterior, y, en el menor de los casos, con su silencio cómplice.
Estas controversias no solo se han dado en el ámbito de las ideas, sino que a través de las Naciones Unidas y otras instancias multilaterales han buscado convertir sus visiones de la “corrección woke” en requisitos indispensables de la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha contra la pobreza, exigiendo que sus planteamientos sean reflejados en las políticas públicas, las leyes y hasta las constituciones, lo que muestra la gran importancia del debate público planteado en esta publicación.
Para terminar, quiero reconocer no solo la honestidad intelectual sino muy especialmente la valentía de Daniela, que eleva el nivel del debate boliviano con la gran altura de sus análisis y de sus argumentos, dando un ejemplo de cómo, quienes creemos en la libertad, debemos afrontar la lucha por las ideas y la guerra cultural.