1. Ha estallado en el debate nacional la sospecha de un posible sobreprecio en la compra de petróleo por parte de YPFB. Y como suele ocurrir en estas latitudes tropicales de la indignación permanente, el tema ha viajado en cuestión de horas desde el terreno técnico al lodazal político. Comenzó el vale todo.
2. Aparecen las denuncias fulminantes, las verdades a medias, las mentiras completas y los análisis de sobremesa convertidos en sentencia irrevocable. Mientras tanto, el aspecto verdaderamente complejo, el técnico, el financiero, el contractual, queda arrinconado, como si la ingeniería de precios internacionales pudiera resolverse con un eslogan.
2.1 Antes de repartir culpas o levantar hogueras de fuego purificador, conviene respirar hondo y entender cómo se forma realmente el precio del petróleo en contratos internacionales. Porque en este negocio, como en casi todos los que involucran miles de millones de dólares, los detalles no son accesorios: son la esencia.
3. En el mundo petrolero hay fórmulas que parecen inocentes, casi escolares, pero que esconden novelas enteras de ingeniería, finanzas y derecho internacional. Una de ellas es esa aparentemente sencilla ecuación: Precio = WTI + Premio. Traducido al castellano llano: el planeta pone el precio base y el proveedor añade el resto... con todo lo que eso implica. Así que vamos por partes como recomienda el descuartizador De Villazon.
4. El WTI es el benchmark, el termómetro global del crudo. Es el precio que sale del mercado de futuros de Nueva York, y venerado por traders, refinadores y ministros de energía. Es el precio “de manual”, limpio, académico, casi de pizarra universitaria. Hasta ahí todo es transparente: el mundo dice cuánto vale el barril. Además en este precio, como somos una economía pulga, es decir, somos tomadores de precios, no hay margen para renegociación o pedir rebajita, caserita.
5. Pero luego aparece el famoso “Premio”. Y ahí empieza la vida real. En la jerga internacional no siempre se le llama premio; a veces es diferencial, spread, o margen. Cambia el nombre, no la esencia: es el ajuste que convierte un precio abstracto de Texas en un barril entregado físicamente en frontera, con transporte, seguros, almacenamiento, financiamiento y, si el contexto lo exige, una buena dosis de paciencia estratégica.
6. Ese premio suele incluir varias capas. Primero, la calidad: no todos los barriles son iguales aunque todos se midan en barriles. Si el producto no es exactamente WTI, hay que ajustar por gravedad API, contenido de azufre (y no precisamente del diablo Echeverry ) y rendimiento en refinación. Después viene la logística, que en hidrocarburos no es mandar una encomienda por flota Bolivar. Fletes marítimos, seguros, costos portuarios, transporte terrestre, demoras (. En un contrato DAP ( Delivered at Place), el vendedor asume todo hasta el punto de entrega, y naturalmente lo incorpora en el precio. La filantropía no es una variable energética.
7. Luego está el componente más silencioso pero más sofisticado: el financiamiento. Si el proveedor paga hoy y cobra en 60 o 90 días, ese dinero tiene un costo. Recordemos que la magia de Que volvió la gasolina y el diesel a los surtidores bolivianos es porque nos vendieron al fiado. Líneas de crédito, tasas internacionales, cartas de crédito, riesgo país del comprador. ¿Aparece como “interés” explícito en el contrato? Casi nunca. Va cuidadosamente disuelto dentro del premio. No dice “WTI + logística + 5% anual”. Dice simplemente “WTI + 20 dólares”. Y dentro de esos 20 conviven logística, riesgo y capital financiero con admirable discreción.
8. A eso se suma el riesgo comercial. No es lo mismo venderle a un comprador en un país con reservas robustas en dolarachos y estabilidad cambiaria que hacerlo en un entorno con volatilidad macroeconómica y discusiones políticas apasionadas. El mercado no castiga con discursos, castiga con diferenciales. El premio, en buena medida, es una radiografía del riesgo percibido.
9. Y finalmente, claro está, está la utilidad. El contrato que menciona que el premio incluye “utilidades que considere el proveedor” tiene una elegancia jurídica notable. Es válido, perfectamente determinable, no tiene nada ilegal. Pero desde la óptica financiera implica una amplitud considerable. Es como decir: “Incluye lo necesario... y lo que yo estime necesario”. La legalidad puede ser impecable y, al mismo tiempo, la discusión económica puede ser perfectamente legítima. Recordemos que el mundo petrolero no es pues propiamente la casita de Sor Angélica de la Nuves en Flor.
10. ¿Es normal un premio de 20 dólares por barril como en el caso Boliviano? Depende del contexto. En mercados muy competitivos los diferenciales suelen ser menores. Pero cuando el premio alcanza magnitudes importantes, ya no estamos solo ante costos logísticos; estamos ante financiamiento, riesgo y condiciones de mercado particulares. Ahí es donde el análisis técnico deja de ser trivial y se vuelve estructural.
11. En definitiva, el WTI es el precio del mundo. El premio es el precio de la realidad concreta. Dentro de él caben calidad, transporte, financiamiento, riesgo y margen. Sí, puede incluir interés implícito si la operación es a plazo. No, casi nunca se lo presenta como tal. La pregunta relevante no es si existe premio, porque siempre existe, sino si su magnitud es consistente con los costos y riesgos que pretende cubrir.
12. En petróleo, como en finanzas, la ecuación nunca es solo aritmética. Es también geopolítica, crediticia y estratégica. Y detrás de cada “WTI + Premio” hay algo más que números: hay condiciones de mercado, percepción de riesgo y, por supuesto, la eterna negociación entre quien vende energía y quien la necesita con urgencia.
13. Finalmente, este concepto de “premio” también puede ser la puerta para comisiones indebidas y oportunidades de corrupción.
14. Si queremos que en este mundo político la narrativa no termine secuestrada por los agitadores profesionales, los opinadores de consigna, los pre-pitagóricos en matemáticas y los cruzados de la ideología permanente, el primer paso no es gritar más fuerte: es entender mejor. Porque cuando un tema técnico, como el precio del petróleo, se abandona al terreno de la indignación exprés, deja de discutirse con datos y empieza a debatirse con adjetivos. Y los adjetivos, como sabemos, no refinan gasolina.
15. La única vacuna contra la distorsión es el conocimiento bien explicado.