La detención del presidente venezolano, Nicolás Maduro, acusado por Estados Unidos de conspiración de terrorismo y narcotráfico parece confirmar que “no hay mal que dure cien años”; la recomendación de ser humilde estando en el poder que nos dicen nuestros abuelos, “porque siempre habrá alguien mejor que nosotros en todo, siempre habrá alguien más rápido, alguien más fuerte”; y la advertencia en Bolivia: “si vez las barbas de tu vecino arder...” dirigida a las autoridades que durante 20 años nos vendieron narrativas que si no votábamos por ellos, el sol se apagaba.
Y más fuerte que Maduro resultó ser el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien, aplicando la maquiavélica frase que el fin justifica los medios, en una llamada operación quirúrgica, puso entre rejas al mandatario caribeño, cerrando así, un ciclo de 27 años, del llamado “Socialismo Siglo XXI”, en el que PROVEA, organización no gubernamental, y las Naciones Unidas, registraron alrededor de 8 mil víctimas, entre muertos y desaparecidos, una gran parte de ellos, opositores.
Maduro estaba en el poder desde el 8 de marzo del 2013 luego de la muerte por cáncer del presidente Hugo Chávez, quien había llegado a la presidencia el 6 de diciembre de 1998, en un país que, de tener 28 millones de habitantes, quedó desgarrado en sangre y lágrimas por la migración de por lo menos 10 millones que no aguantaron la dictadura instaurada en su país y huyeron en busca de mejores oportunidades.
La pregunta del millón que tratadistas internacionales se hacen hoy, es si otro país, tiene derecho a intervenir en otro, violentando su soberanía. Estados Unidos ha realizado varias invasiones en Latinoamérica: 1824 en Puerto Rico, en 1845 y 1847 en México, en 1857 en Nicaragua, en 1860 en Panamá y nuevamente en Nicaragua.
Donald Trump repitió el libreto del presidente George H.W. Bush, quien el 20 de diciembre de 1989, en la operación llamada Causa Justa, que fue una invasión militar a Panamá, derrocó al gobierno de Manuel Antonio Noriega, acusando igualmente de narcotráfico. Noriega, condenado a 60 años de cárcel, murió en 2017.
Por eso lo acusan de revivir la doctrina de política exterior aplicada por los Estados Unidos en gran parte de América Latina desde principios del siglo XX inspirada en una expresión que el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) tomó de un proverbio africano que decía: “Habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos”, quien en una reforma de la Doctrina Monroe, de “América para los Americanos” afirma, que “si un país latinoamericano y del Caribe situado bajo la influencia de los Estados Unidos amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno de Washington estaba obligado a intervenir en los asuntos internos del país “descarriado” para reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanos y sus empresas”.
Legal, justa o injusta la intervención de Estados Unidos en Venezuela, el tema tiene sus repercusiones en Bolivia, pues la invasión atenta contra la soberanía, sustentada en los artículos 7, 8, 9 y 10 de la Constitución Política del Estado, por ser esta “inalienable, inembargable, indivisible, imprescriptible e indelegable, que reside en el pueblo.
Si bien es cierto actualmente está preso, el expresidente Luis Arce Catacora, para evitar injerencias externas, o “el garrote”, el actual régimen de Gobierno del presidente Rodrigo Paz tiene la responsabilidad de aplicar las leyes e iniciar los procesos legales correspondientes contra acusados de corrupción u otros delitos, sin ninguna contemplación.
Y los aliados de Maduro en Bolivia saber que “cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo” que la justicia, tarda, pero llega...