Abiy Ahmed, un Nobel de la Paz cuyo prestigio se evaporó al hacer la guerra en Etiopía
Nairobi, 28 may (EFE).- Hasta con Nelson Mandela llegaron a comparar al primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, quien ganó el Premio Nobel de la Paz de 2019 pero cuyo prestigio se evaporó por hacer la guerra.
Abiy aspira a revalidar el cargo en las séptimas elecciones generales del próximo lunes al mando del Partido de la Prosperidad (PP).
Llegó al poder el 2 de abril de 2018, cuando juró ante el Parlamento como primer ministro, tercero del país desde que el Frente Democrático Revolucionario Etíope (EPRDF) derrocara en 1991 al régimen comunista.
"Necesitamos democracia y libertad", reclamó el flamante líder tras suceder como jefe del Gobierno y del oficialista EPRDF (coalición de cuatro partidos regionales representativos de grandes grupos étnicos) a Hailemariam Desalegn, que dimitió dos meses antes tras varios años de protestas contra la represión estatal.
Una ola de reformas sacudió en pocos meses al segundo país más poblado de África: la amnistía a miles de presos políticos, la legalización de partidos opositores, el compromiso de unos comicios democráticos, un Gobierno paritario o la primera presidenta etíope.
El primer ministro también firmó el histórico acuerdo de paz con Eritrea tras veinte años de conflicto.
Y se desató una suerte de "Abiymanía" de tal calibre que numerosos observadores compararon al carismático líder con personalidades como el legendario primer presidente negro de Sudáfrica, Nelson Mandela.
La popularidad se colmó con la concesión del Premio Nobel de la Paz en 2019 por el acuerdo con Eritrea.
"La guerra es el epítome del infierno", sentenció Abiy el 10 de diciembre de ese año al recibir el galardón en Oslo.
Pero el gobernante abrió las puertas de ese "infierno" en noviembre de 2020, cuando lanzó una ofensiva armada para derrocar al Frente Popular de Liberación de Tigré (FPLT), partido en el poder en esa región, al que acusó de atacar una base del Ejército etíope.
Esa guerra se zanjó con un acuerdo de paz firmado en Pretoria el 2 de noviembre de 2022 y causó la muerte de al menos 600.000 personas.
El cumplimiento del acuerdo ha topado con muchas dificultades y la tensión continúa en Tigré, que no podrá celebrar las elecciones del lunes, como ocurrió en los comicios de 2021, que ganó el PP.
La guerra minó, además, la reputación del mandatario, dentro y fuera del país.
El Nobel de la Paz culminó la meteórica carrera de un hombre, hijo de padre musulmán y madre cristiana, nacido el 15 de agosto de 1976 en un hogar sin luz ni agua del pueblo de Beshasha en Oromía, región de los oromos, principal grupo étnico de Etiopía.
De hecho, Abiy -poseedor de una licenciatura en Ingeniería Informática y varios másteres universitarios- es el primer jefe del Gobierno oromo, etnia históricamente agraviada que encabezó las protestas antigubernamentales que le auparon al poder.
Un niño soldado
El mandatario conoce bien el horror de la guerra porque se unió en 1991, como niño soldado, a las fuerzas que combatían al régimen comunista; y en 1993 ingresó en el nuevo Ejército etíope, donde, fascinado con la tecnología, trabajó como operador de radio.
En 1995 fue desplegado como integrante de la misión de paz de la ONU en Ruanda tras el genocidio perpetrado el año anterior.
En 2008, Abiy cofundó la Agencia de Seguridad de la Red de Información de Etiopía (INSA), servicio de ciberespionaje que dirigió hasta 2010, cuando decidió, con rango de teniente coronel, cambiar el Ejército por la política.
Durante las elecciones de ese año, como militante del Partido Oromo Democrático, parte de la coalición gubernamental, logró un escaño parlamentario y en 2015 llegó a ministro de Ciencia y Tecnología.
La dimisión de Hailemariam Desalegn en febrero de 2018 provocó la primera elección de liderazgo disputada en la coalición, que ganó Abiy, convirtiéndose en primer ministro.
Guiado por su devoción cristiana y convencido de hacer "la obra de Dios", refundó el EPRDF, una mezcolanza de grupos étnicos dominada por el FPLT que dirigió Etiopía con mano de hierro durante casi tres décadas.
Pese al boicot del FPLT, Abiy creó el PP, una fuerza nacionalista panetíope que buscaba separar la política del federalismo étnico.
Pero su búsqueda de la unidad de Etiopía dentro de la diversidad de sus más de ochenta etnias le ha costado la rebelión del FPLT, un atentado del que salió indemne, un rebrote de la violencia interétnica y una intentona golpista en la región de Amhara, hogar del segundo grupo étnico del país, entre otros reveses. EFE
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