East Rutherford, Estados Unidos, 5 Jul 2026 (AFP) -
Ganó todo lo que estuvo a su alcance con los clubes que dirigió, cultivó una fama de inmejorable gestor de vestuarios y sedujo al llamado país del fútbol... Pero Carlo Ancelotti se despide de Norteamérica 2026 sin el objetivo trazado: ganar el hexacampeonato mundial de Brasil.
La Noruega de Erling Haaland (2-1) truncó este domingo, en octavos de final, el sueño de la Seleção de conquistar su primera corona en la máxima cita del fútbol desde 2002.
Es la eliminación más precoz del equipo que alguna vez defendieron Pelé, Ronaldo o Garrincha desde la caída en la misma instancia del Mundial de Italia 1990.
El extécnico del Real Madrid y el AC Milan, entre otros gigantes europeos, renovó en mayo su contrato hasta 2030. A pesar del golpazo, aseguró que quiere seguir al mando.
"Una derrota es el inicio de una nueva aventura. Tenemos que seguir trabajando y mejorando", dijo minutos después de la dolorosa eliminación.
La tierra de O Rei está obsesionada con sepultar la sequía y volver a sentarse en la mesa de los grandes. Haber contratado al entrenador italiano en mayo del año pasado, tras un fallido intento en 2023, parecía la ruta segura para regresar a la élite.
Pero Carletto, de 67 años, no pudo trasladar a su primer Mundial como entrenador la aura ganadora que le permitió conquistar el récord de cinco Ligas de Campeones de Europa y los campeonatos nacionales de los cinco principales torneos del Viejo Continente.
La Confederación Brasileña de Fútbol apostó fuerte al ceder a un extranjero el poder de uno de los mayores símbolos nacionales. Ningún foráneo se había sentado en el banquillo auriverde en seis décadas.
- Un brasileño más -
La poderosa entidad atravesaba entonces turbulencias dirigenciales y en el banquillo técnico, por el que pasaron tres timoneles desde el fracaso en Catar 2022.
Su nombre, sin embargo, resultó mayoritariamente incontestable en un país que durante años cerró las fronteras de su fútbol. Y él, tan carismático como pragmático, se encargó de alargar lo que más pudo la luna de miel con el exigente pueblo brasileño.
"Fue una elección bellísima. La selección brasileña tiene que tener a los mejores y no hay un entrenador brasileño, actualmente, como él. Estamos en buenas manos", dijo Ronaldo Nazário a su llegada.
El aterrizaje le fue facilitado por su buena relación con Vinícius Jr y Rodrygo en el Madrid, pero también por el lobby de leyendas como Ronaldo y Cafu, a quienes dirigió en el AC Milan en la primera década del siglo.
Ancelotti, conocido por lo que él ha llamado "liderazgo tranquilo", puso en práctica en Brasil su mantra de "conquistar mentes, corazones y triunfos". Aunque esto último es relativo.
Desde su llegada, el italiano se sumergió en las profundidades de la cultura brasileña: disfrutó del carnaval de Rio de Janeiro y hasta participó en comerciales de marcas de cerveza.
Chapoteó el portugués -en realidad, un portuñol con toques de italiano-, se radicó en Rio y cantó el himno nacional como un brasileño más.
"La federación es organizada, los jugadores tienen mucha calidad, la atmósfera es positiva y la relación entre el país y la selección es única (...) Estoy feliz con este paso en mi carrera", dijo en una entrevista en agosto.
- Fútbol gris -
Y, en el campo, construyó una estrecha relación con sus dirigidos y clasificó a la Canarinha a la cita norteamericana, pero con un fútbol muy cuestionado y que llegó bajo un manto de duda a la gran cita en Norteamérica.
Con un control de emociones digno de un maestro budista, en la mayoría de los 17 partidos (diez triunfos, tres empates, cuatro derrotas) que dirigió hasta este domingo su equipo tuvo más sombras que luces.
Los pentacampeones mundiales golearon a las selecciones débiles (3-0 ante Haití y Escocia), pero sufrieron con las más enconadas (1-1 con Marruecos, 2-1 con Japón). Y ahora el revés 2-1 contra Noruega.
Brasil demostró las falencias de una defensa poco segura, sin los laterales punzantes de antes, de un mediocampo cuya creatividad se respaldó en demasía en Bruno Guimarães y de un ataque que sufre la ausencia de un goleador.
La derrota en East Rutherford, a las afueras de Nueva York, significa también el casi seguro adiós internacional del único astro que la tierra del jogo bonito tuvo en las últimas décadas, Neymar.
En una decisión que dividió el agua, Carletto lo convocó pese a sus recurrentes problemas físicos. Ney, de 34 años, apenas entró en dos segundos tiempos.
Tras el fracaso, será entonces el turno de enderezar el rumbo para la generación de Vinícius y Endrick, cuestionada por supuestamente no tener la misma calidad de las camadas de antaño.
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