Bailarines de la Ópera de París ponen alma a estatuas de Miguel Ángel y Rodin en el Louvre
Catalina Guerrero
París, 18 abr (EFE).- El Museo del Louvre acoge este fin de semana dos veladas excepcionales bajo su emblemática Pirámide con motivo de la exposición 'Cuerpos Vivos', un 'diálogo' insólito entre esculturas de Miguel Ángel y Auguste Rodin, a las que darán vida durante dos noches siete bailarines del Ballet de la Ópera de París.
"La idea es que los bailarines son esculturas que cobran vida", señala a EFE el director de danza de la Ópera de París, José Martínez, minutos antes del ensayo general, al explicar su idea de poner también a dialogar dúos de bailarines sobre piezas clásicas. "Siempre hay ese juego de pareja, de relación de un cuerpo con el otro y cómo se entrelazan y cómo interactúan entre ellos", dice.
Esta iniciativa marca además el reencuentro entre dos instituciones históricas de la capital francesa: el Museo del Louvre y el Ballet de la Ópera Nacional de París, situadas a poco más de un kilómetro de distancia y que hasta la década de 1970 mantenían una estrecha relación.
En la memoria queda la interpretación que en el verano de 1973 hizo el legendario Rudolf Nuréyev de 'El lago de los cisnes' en el Patio Cuadrado del Museo del Louvre.
Ahora, con motivo del fin de semana inaugural de la exposición 'Cuerpos Vivos', ambas instituciones retoman ese diálogo artístico con cuatro representaciones en las que siete bailarines del Ballet interpretarán tres piezas emblemáticas ('Trois Gnossiennes', 'Rhapsody' y 'Le Parc') y una creación inédita del bailarín y coreógrafo Yvon Demol, 'Supercorps', inspirada en la muestra de Miguel Ángel y Rodin.
La propuesta de lujo reúne a cuatro bailarines 'estrella' -Léonore Baulac, Dorothée Gilbert, Hugo Marchand y Marc Moreau— y a dos primeras bailarinas -Silvia Saint-Martin y Hohyun Kang-, acompañados por músicos de la Orquesta de la Ópera Nacional de París.
El programa incluye extractos de obras coreografiadas por Frederick Ashton, Angelin Preljocaj y Hans van Manen, con música de Rajmáninov, Mozart, Erik Satie y Beethoven.
Más allá del programa, el evento propone una reflexión sobre el vínculo entre danza y escultura.
"Evidentemente existe una relación", afirma Dorothée Gilbert, quien se despedirá de los escenarios de la Ópera este otoño. Para la bailarina estrella, ambas disciplinas comparten la capacidad de "transmitir emociones a través del cuerpo y el movimiento".
En la Escuela de Danza de la Ópera de París, explica, los bailarines aprenden a "esculpir" su propio cuerpo, en un trabajo constante que también se nutre de la observación de estatuas para sugerir movimiento incluso en posiciones inmóviles.
Esta idea dialoga con la concepción de escultores como Miguel Ángel y Rodin, cuyas obras, marcadas por la estética del 'non finito', parecen capturar instantes de un proceso en continuo movimiento.
La cercanía entre intérpretes y público será uno de los rasgos distintivos de estas cuatro funciones.
Bajo la Pirámide, los bailarines actúan rodeados de espectadores, en un formato inmersivo que permitirá apreciar sin distancia la respiración, las miradas y la intensidad del gesto.
"En esta exposición hay mucho movimiento", reflexiona el director de Danza de la Ópera de París, que ve en esta sinergia entre artes una oportunidad para "fomentar la creación" de sus bailarines, hacer que salgan del Palacio Garnier y de la Ópera de la Bastilla y "conozcan otra cosas" para hacerles "crecer".
Además, avanza, el Palacio Garnier cerrará pronto dos años por obras por lo que están a la búsqueda de "espacios diferentes para poder hacer cosas", por lo que espera que esta colaboración sea "como un nuevo comienzo en la relación entre el Palais Garnier y el Louvre", que tras el verano prepara una gran exposición sobre Francisco de Zurbarán y sería "muy interesante", dice, crear algo relacionado con los cuadros que se vayan a presentar entonces.
Cada uno de los cuatro espectáculos nocturnos de este fin de semana tiene una duración aproximada de 45 minutos, seguido de una visita a la exposición de alrededor de una hora, abierta excepcionalmente fuera del horario habitual del museo.
El formato será con asientos libres, incluyendo sillas y cojines en el suelo. Las tarifas son de 49 euros para el público general, 44 euros en modalidad reducida y 22 euros para jóvenes. EFE
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