Bangkok pone orden y amenaza sus emblemáticos puestos de comida callejera
Bangkok, 3 Mayo 2026 (AFP) -
Los aromas de ajo, chile y carne a la parrilla impregnan las calles de Bangkok. Pero el endurecimiento de las normas municipales amenaza los negocios de miles de vendedores callejeros y uno de los emblemas de la capital tailandesa.
Llena de sabor y muy popular entre lugareños y turistas, la comida callejera es uno de los sellos distintivos de Bangkokg, donde los woks chisporroteantes y las parrillas humeantes convierten las aceras en cocinas al aire libre desde la mañana hasta bien entrada la noche.
Pero el futuro de muchos de estos puestos informales es incierto por la campaña del gobierno municipal para limpiar y ordenar las aceras y reubicar a los vendedores de las calles de los concurridos barrios comerciales a mercados designados.
"Estoy preocupada porque estamos aquí ilegalmente", reconoce Looknam Sinwirakit, que recibió una multa de 1.000 baht (USD 30) por obstruir una calle con su parada en el Chinatown de la capital, uno de sus barrios más turísticos.
Aunque vende sus pasteles fritos de arroz glutinoso por apenas 50 baht (1,50 dólares), el flujo constante de clientes compensa el riesgo de sanciones, dice la comerciante de 45 años.
"Los vendedores necesitamos ganarnos la vida", asegura. "No es justo que nos desalojen, pero si nos lo ordenan, tendremos que hacerlo".
En la misma zona, Wong Jaidee también está preocupado por si lo echan. Lleva más de dos décadas vendiendo durián, una fruta de intenso olor muy popular en el sureste asiático.
"No tengo un plan B", afirma el hombre de 56 años. "Bangkok es una ciudad muy cara y puede que no podamos salir adelante".
- 10.000 vendedores menos -
Desde 2022, el número estimado de vendedores ambulantes en la ciudad cayó en más del 60%, con unos 10.000 menos que antes, según datos de la Administración Metropolitana de Bangkok (BMA).
Decenas de ellos se han trasladado a mercados informales o centros de comida callejera, en un modelo aplicado en otras ciudades asiáticas como Singapur, donde estos comercios se agrupan en espacios designados por la administración.
Pero muchos otros simplemente cerraron los negocios por las restricciones o porque ya no resultaban rentables, afirma Kunanop Lertpraiwan, funcionario de la BMA.
La administración se ha centrado en los vendedores instalados en las calles más transitadas, con muchos peatones, y ha concedido más flexibilidad a aquellos que se encuentran en calles secundarias y en zonas frecuentadas por mochileros y otros turistas, explica el funcionario.
"Les damos tiempo y se lo comunicamos claramente", afirma.
Algunos disponen de varios meses para encontrar una nueva ubicación. "No es que los echemos mañana", asegura.
Las autoridades presionan para que los vendedores se instalen en uno de los cinco centros de comida callejera abiertos en años recientes.
El último se inauguró en abril en el popular Lumphini Park, una de las principales áreas verdes de esta densa ciudad, llena de rascacielos.
Con hileras de puestos de comida y mesas de picnic, el nuevo centro acoge a una docena de vendedores que antes estaban instalados en las calles aledañas.
La BMA los animó a trasladarse. En su nueva ubicación, pagan 60 baht (1,85 dólares) al día por alquilar un puesto en el mercado.
Panissara Piyasomroj vendía desde 2004 fideos a los corredores que acudían al parque por las mañanas. Para ella, el traslado mejoró las condiciones, con acceso a agua y electricidad.
Bajo un techo que la protege del calor, la mujer de 59 años afirmó que su negocio ha "mejorado" y "se ve más limpio".
- "Parte de la cultura" -
Para otros, mudarse del entorno que les resulta familiar es inquietante.
Thitisakulthip Sang-uamsap, de 67 años, lleva más de cuatro décadas vendiendo bolas fritas de verduras cerca de Chinatown.
"Vivo por aquí (...) Si me piden irme, no me sentiré cómoda", explica la mujer, quien espera que el gobierno sea más flexible con los vendedores de edad avanzada y pocos ingresos.
Otra cuestión es el impacto de estas medidas en la identidad de la ciudad y su atractivo.
Las aceras abarrotadas y el olor del calamar recién asado y otras delicias callejeras son, para muchos visitantes, parte del encanto de Bangkok. Una comida rápida, barata y sabrosa que compensa las molestias de un paso bloqueado.
El alemán Oliver Peter considera que Tailandia tiene una de las mejores cocinas del mundo. Su plato favorito es el pad thai, omnipresente en los woks callejeros de la capital.
"Sería triste que desaparecieran", dijo. "Es parte de la cultura".
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