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Bernadette Chirac, una primera dama influyente en la V República francesa

Bernadette Chirac, una primera dama influyente en la V República francesa

París, 6 jun (EFE).- Durante dos décadas, Bernadette Chirac fue mucho más que la esposa de un presidente. Figura omnipresente de la vida pública francesa, política de carácter, primera dama influyente y referente de la acción benéfica, acompañó el ascenso, el poder y el ocaso de Jacques Chirac con una fuerte personalidad propia.

Fallecida durante la pasada noche a los 93 años, según informó este sábado su familia, deja tras de sí el recuerdo de una mujer que logró convertirse en un actor político por derecho propio en un entorno tradicionalmente reservado a los hombres.

Nacida en París el 18 de mayo de 1933 como Bernadette Chodron de Courcel, provenía de una familia acomodada y aristocrática, vinculada a militares, diplomáticos e industriales.

Educada en colegios católicos, ingresó en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), donde conoció a Jacques Chirac. La historia de aquella joven de buena familia y el ambicioso estudiante de provincias acabaría convirtiéndose en una de las parejas más emblemáticas de la V República francesa.

Se casaron en 1956, cuando ambos rondaban los veinte años, y mientras Jacques Chirac iniciaba una fulgurante carrera política, Bernadette asumió inicialmente el papel tradicional de esposa y madre de sus dos hijas, Laurence y Claude.

Sin embargo, aunque se definía "leal por naturaleza", pronto comprendió que la política sería el eje de la vida familiar y lejos de limitarse a acompañar a su marido, decidió construir su propio espacio de influencia.

Su carrera política comenzó en 1971, cuando fue elegida concejala municipal de Sarran, en el departamento de Corrèze, feudo electoral de los Chirac. Ocho años después se convirtió en la primera mujer elegida consejera general del departamento, cargo que conservaría durante 36 años consecutivos.

Fue precisamente recorriendo una y otra vez las carreteras rurales de Corrèze al volante de su icónico Peugeot rojo que cultivó una imagen de proximidad con agricultores, comerciantes, jubilados y asociaciones locales. Experiencia que le otorgó una independencia política poco habitual para una esposa de un dirigente nacional.

Cuando Jacques Chirac conquistó el Ayuntamiento de París (1977-95) y posteriormente la Presidencia de la República (1995-2007), Bernadette ya era una figura conocida y respetada dentro de la derecha francesa. Chirac fue también dos veces primer ministro, con Valéry Giscard d'Estaing (1974-76) y en cohabitación con François Mitterrand (1986-88).

Firme defensora de su marido en campañas electorales, también era temida por su influencia, ya que su opinión pesaba en las decisiones políticas y en la selección de candidatos, hasta el punto de que pocos dirigentes conservadores se atrevían a ignorarla. "Soy como mi bolso de piel de serpiente: muerdo", llegó a decir.

De modales aristocráticos, impecablemente vestida y peinada, cultivó una imagen que oscilaba entre la elegancia clásica y la autoridad. Sus partidarios destacaban su disciplina, su sentido del deber y una ironía mordaz que utilizaba incluso para abordar infidelidades atribuidas a su marido.

"Mi padre me dijo: 'Tú eres su ancla'. Los acontecimientos le dieron la razón. Mi marido siempre volvía a su ancla. En cualquier caso, le advertí varias veces: el día que Napoleón abandonó a Josefina, lo perdió todo", confesó en su éxitoso libro 'Conversación', publicado en 2021.

La tragedia familiar marcó profundamente su vida. La enfermedad de su hija mayor, Laurence, afectada por graves problemas de salud por anorexia nerviosa desde la adolescencia y fallecida en 2016, impulsó gran parte de su compromiso social.

Desde 1994 presidió la Fundación Hospitales de París-Hospitales de Francia y se convirtió en el rostro de la operación 'Pièces Jaunes', una campaña de recaudación de fondos para mejorar las condiciones de los niños hospitalizados que, gracias a su implicación personal, alcanzó una popularidad sin precedentes en Francia.

Como primera dama entre 1995 y 2007, Bernadette Chirac rompió con la discreción habitual de sus predecesoras. Conservadora en cuestiones sociales y profundamente católica, defendió sus convicciones, al tiempo que respaldó una mayor presencia de las mujeres en la política.

Tras abandonar el Elíseo, siguió ejerciendo influencia en los círculos políticos y permaneció al lado de Jacques Chirac durante los años de enfermedad que precedieron a su muerte en 2019.

Llegó a ser una de las personalidades más populares de la vida pública francesa, de la que se retiró progresivamente en los últimos años. Fue una mujer que no aceptó quedarse en un segundo plano y que convirtió el papel de primera dama en una plataforma de poder, compromiso y visibilidad propia. EFE

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