Agencias

Brahim se rebela

Brahim se rebela

Juan José Lahuerta

Madrid, 11 abr (EFE).- Habitual jugador número doce en el Real Madrid y titular indiscutible cuando otros fallan, Brahim Díaz volvió al once de Arbeloa frente al Girona tras su suplencia contra el Bayern Múnich para rebelarse una vez más con un gran partido del que podría tomar nota el técnico del conjunto blanco.

El Real Madrid siempre ha sido un club de jerarquías. De titulares indiscutibles y de secundarios que esperan su turno como actores de repertorio. Y ahí, en ese territorio incierto entre la paciencia y la reivindicación, habita Brahim Díaz.

El fútbol tiene memoria corta, pero también momentos que sirven como alegato. El de Brahim ante el Girona fue uno de ellos. Venía de quedarse en el banquillo en la noche grande contra el Bayern, ese tipo de partidos que marcan estatus, y regresó al once como quien vuelve a escena con algo que demostrar. Y lo demostró.

No es casualidad. Brahim ha sido pieza importante en ese tramo en el que el Madrid recompuso el paso tras la caída ante el Getafe (0-1). Cinco victorias seguidas con él como parte activa de un bloque medio-alto más vivo, más reconocible (Valverde, Pitarch, Tchouaméni, Güler, Brahim y Vinícius).

Pero en cuanto regresaron los nombres de más peso, en el duelo clave del curso, volvió a su condición de número doce. Ese jugador que siempre está, pero nunca es del todo.

La lesión de Mbappé le abrió una puerta que supo aprovechar. Fue titular en una serie exigente de partidos -incluidos los duelos ante el Manchester City y frente al Celta, Elche, Atlético de Madrid y Mallorca- y respondió con naturalidad, sin estridencias, pero con eficacia.

Luego volvió la normalidad jerárquica. Descansos calculados, rotaciones con mensaje. En Mallorca, con Mbappé ya disponible, se mantuvo en el equipo porque descansó Vinícius. Pero en el Bernabéu, ante el Bayern, regresó al banquillo. En ocasiones, así funciona el Real Madrid: primero el rango, luego el rendimiento, salvo que alguien se empeñe en discutirlo. Y Brahim se empeñó.

Ante el Girona, en un partido espeso del equipo, fue de los pocos que tuvo claridad. Dio la asistencia a Valverde y firmó un repertorio de números más que aceptable: dio siete pases clave que pudieron convertirse en algún gol más del Real Madrid, fue líder en centros con seis, firmó un regate exitoso, provocó cuatro faltas, recuperó dos balones y ganó siete duelos. Números y sensaciones. Que en el fútbol, cuando coinciden, suelen ser argumento.

Pero hubo algo más interesante: su conexión con Mbappé. No siempre precisa en la finalización, sí prometedora en la intención. Y eso, pensando en Múnich, puede ser decisivo. El Bayern no concederá el mismo escenario que el Girona, pero sí espacios que un buen pasador puede convertir en ventaja.

Brahim lleva tiempo desmontando un tópico: el de futbolista útil sólo como revulsivo. Ya no es eso. O al menos, no sólo eso. También puede ser inicio, continuidad, estructura. Un jugador que no desentona cuando el foco se enciende desde el primer minuto.

El Real Madrid, que vive de la competencia interna tanto como del talento, tiene ahora una pequeña duda que antes no existía. Y en ese matiz, en ese agujero en la jerarquía, aparece Brahim, que no se rinde y hace algo más incómodo: se rebela. EFE

jjl/arh