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China, sin asiento pero más presente que nunca en un G7 con fisuras

China, sin asiento pero más presente que nunca en un G7 con fisuras

Lorena Cantó

Pekín, 17 jun (EFE).- China no tiene asiento en la mesa del G7 que este miércoles concluye su reunión en Évian-les-Bains (Francia), pero es el actor que más sombra proyecta en la distancia sobre un club que lleva años señalando a Pekín como rival sistémico, y al que expertos perciben como dividido y anquilosado.

El grupo compuesto por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, la UE y Japón atraviesa un momento de tensión interna y, a excepción de Tokio, cinco de sus siete miembros mantienen hoy una conversación más fluida con Pekín que con un Washington que llega a Francia con nuevas amenazas arancelarias y una política exterior imprevisible.

La ascendencia del gigante asiático pese a su ausencia formal del bloque quedó patente también cuando el pasado 11 de junio el presidente francés, Emmanuel Macron, convocó al Gobierno chino a una vídeoconferencia para abordar los desequilibrios comerciales globales, en un gesto inédito desde la creación del G7.

China, ni dentro ni fuera

El cuadro, sin embargo, es más complicado que el de un Pekín que simplemente espera y recoge, considera en declaraciones a EFE Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano y quien admite que "China se siente muy cómoda ahora mismo", pero advierte de que "la relación con Europa tampoco está pasando un buen momento, sobre todo por el tema comercial y por su apoyo velado a Rusia" en la guerra de Ucrania.

Según Otero, el llamado 'China Shock 2.0' , como se ha bautizado a la avalancha de exportaciones chinas que presiona a las industrias europeas, golpea con especial fuerza a Alemania y arrastra a economías cercanas como Bélgica.

Esta situación ha llevado a que la Unión Europea (UE) debata esta misma semana posibles medidas de defensa comercial contra Pekín.

"Y ahí sí que hay tensión", subraya el experto.

Pekín, inmune a las presiones

Desde China, la lectura es otra. Cui Hongjian, director del Centro para el Desarrollo Regional y de la UE de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, consideró en declaraciones a la cadena Phoenix TV que en el seno del G7 Europa trata de proteger sus intereses ante la doble presión arancelaria de Washington y la competencia industrial china.

Pekín, no obstante, también espera que la cita sirva para "encontrar un nuevo equilibrio en la relación entre los tres grandes mercados: China, EE. UU. y la UE".

Cui, de hecho, alerta de que utilizar la presión para obligar a la otra parte a negociar, especialmente en cuestiones comerciales y económicas, es una táctica "completamente inaplicable con China", mientras que la relativa distensión entre Pekín y Washington tras el reciente viaje del presidente Donald Trump a Pekín permite a miembros como Francia, por ejemplo, adoptar una postura más equilibrada y alejada de la confrontación directa.

Por ello, sostiene que los Veintisiete no están tan decididos a librar una guerra comercial con China como algunos especulan, "pero sí desean expresar sus preocupaciones".

Otero, mientras, recuerda que China exporta porque necesita hacerlo, con una economía en deflación lastrada por un consumo interno que aún no se ha recuperado de la feroz estrategia de contención aplicada por el Gobierno durante la pandemia y por otros factores como la crisis inmobiliaria, la sobreproducción o la desorbitada deuda de los gobiernos locales.

"Cuanto más débil es internamente, más competitiva es hacia afuera", señala el investigador.

Según el informe de proyecciones 2026 del Instituto Mercator de Estudios de China (Merics), con sede en Berlín, el 84% de los expertos consultados mostraban escaso o nulo optimismo sobre la capacidad europea para reducir sus dependencias de Pekín o responder a sus sobrecapacidades industriales.

¿Un G7 desfasado?

Otra pregunta incómoda, según expertos, es si tiene sentido un G7 que excluye a la segunda economía mundial y que mantiene el mismo formato que cuando nació hace cinco décadas para coordinar a las democracias industriales: Pekín se ha convertido en el principal socio comercial de la mayoría de sus miembros, pero también en su mayor quebradero de cabeza en el plano estratégico.

Por ello, advierte Miguel Otero, no va a ser "fácil" que el grupo cierre filas de forma engrasada ante China, pues "hay mucha desconfianza entre los actores que lo integran".

"China sigue avanzando pero sin correr demasiado, deja que Estados Unidos se desgaste y toma riesgos mínimos. No le queda otra que ejecutar lo que lleva los últimos 20 ó 25 años diciendo que quiere hacer y no ha hecho, que es equilibrar su economía hacia el mercado interno", remata.

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