Diamantes y lentejuelas, el brillo de la moda desfila en la tierra batida de Roland Garros
Catalina Guerrero
París, 29 may (EFE).- De los diamantes de Aryna Sabalenka a las lentejuelas doradas de Naomi Osaka, la moda irrumpió con fuerza en esta edición de Roland Garros, donde las pistas de tierra batida se han convertido también en una pasarela de diseño deportivo.
El Grand Slam parisino, históricamente ligado a la elegancia y al refinamiento, vive este año una nueva demostración de cómo el tenis femenino ha transformado la vestimenta en una herramienta de expresión personal, identidad e impacto mediático.
La primera en acaparar los focos fue la bielorrusa Aryna Sabalenka, número uno del mundo y finalista de la pasada edición, quien respondió a las críticas por lucir un collar de diamantes durante sus partidos defendiendo que la estética forma parte de su rendimiento competitivo.
"Para mí es importante verme bien. Y si siento que me veo bien, juego mejor", afirmó tras derrotar en primera ronda a la española Jessica Bouzas.
La tenista, de 28 años, explicó que le gusta "aportar un toque de moda a la pista" y reconoció que planifica cuidadosamente sus complementos para que combinen con los vestidos que utilizará en cada Grand Slam.
Pero si Sabalenka llevó el brillo por medio de las joyas, Naomi Osaka convirtió directamente sus entradas en pista en una auténtica 'performance' de moda.
La japonesa, cuatro veces campeona de Grand Slam, volvió a captar toda la atención en Roland Garros 2026 con dos apariciones inspiradas en la alta costura parisina y en el universo visual de la ciudad.
En su debut el martes pasado sobre la pista Suzanne-Lenglen apareció con un corsé negro y una falda plisada larga que ocultaban un vestido dorado brillante diseñado por el suizo Kevin Germanier, creador reconocido por sus propuestas sostenibles elaboradas con materiales reciclados.
Dos días más tarde, para su partido de segunda ronda en la pista Simonne-Mathieu ante la croata Donna Verić, Osaka elevó aún más la apuesta estética al presentarse con una cola vaporosa de tul beige y un blusón de lentejuelas doradas que evocaba el brillo nocturno de la Torre Eiffel.
"Creo que me parezco un poco a la Torre Eiffel cuando brilla por la noche", bromeó la japonesa, actualmente número 60 del mundo, quien reconoció que la moda se ha convertido en una parte esencial de su identidad dentro y fuera de las pistas.
Osaka explicó, además, que gran parte de su inspiración procede de Serena y Venus Williams, pioneras en convertir la vestimenta tenística en un elemento creativo y cultural. "Crecí viendo las espectaculares entradas de Serena y Venus. Siento que el tenis ha perdido un poco esa dimensión creativa", afirmó.
No es casualidad que tanto Osaka como las hermanas Williams ocupen un lugar destacado en la exposición temporal 'Ellas suben a la red', actualmente abierta en el museo de Roland Garros y dedicada a la conquista de derechos femeninos dentro y fuera de las pistas, con un apartado dedicado a la evolución de la moda femenina en el tenis desde 1900 hasta la actualidad.
La muestra recorre más de un siglo de transformación estética y social. Desde los pesados vestidos corseteados del tenis victoriano hasta los diseños futuristas y reivindicativos actuales, la historia de la indumentaria femenina refleja también la progresiva emancipación de las mujeres dentro y fuera del deporte.
La gran ruptura llegó en los años veinte con Suzanne Lenglen y los revolucionarios diseños del diseñador Jean Patou, que eliminaron el corsé, acortaron las faldas y liberaron el movimiento sobre la pista. Décadas más tarde, en los años 60, el británico Ted Tinling recortó drásticamente las faldas, introdujo el color y el espectáculo mediático con sus atrevidos diseños para figuras como Gussie Moran.
En los años 80, Chris Evert simbolizó la elegancia sobria y funcional asociada al auge comercial del tenis femenino, mientras que Steffi Graf representó en los 90 el regreso a la pura eficiencia deportiva gracias a los tejidos sintéticos y los conjuntos de dos piezas.
El siglo XXI terminó de borrar definitivamente la frontera entre deporte, moda y cultura popular. Serena Williams convirtió su físico atlético en una declaración estética y política, de la mano de diseñadores como Virgil Abloh, mientras Venus Williams creó incluso su propia firma de ropa deportiva, EleVen.
Naomi Osaka aparece hoy como heredera natural de esa revolución cultural. Sus atuendos ya no son únicamente ropa deportiva: son relatos visuales, símbolos identitarios y declaraciones artísticas que confirman que, en Roland Garros, el espectáculo ya no se juega sólo con la raqueta. EFE
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