EEUU llega a su 250 aniversario con un liderazgo global disputado y el desafío de China
Jesús Centeno y Laura F. Palomo
Washington/Nueva York, 30 jun (EFE).- El nacimiento de Estados Unidos, que inspiró la Revolución Francesa y emancipaciones de Latinoamérica, sentó las bases de un nuevo poder que dominó el mundo y que llega a su 250 aniversario intentando mantener su condición de potencia hegemónica frente a la emergente China.
Algunos estadounidenses recuerdan que el país ya celebró su bicentenario con un gran pesimismo, tocado por la guerra de Vietnam y las dificultades económicas, de las que posteriormente logró recuperarse, pero ahora encara su cuarto de milenio con un orden mundial, que ayudó a crear, en proceso de descomposición y una imagen internacional en declive.
Su declive no será "abrupto", sino "una transición hacia un entorno en el que Washington deberá operar con mayor interdependencia y menor capacidad de decisión unilateral, en competencia con una China ascendente", predice James Nolt, profesor en la Universidad de Nueva York.
Para el profesor de la Universidad Americana de Washington Garret Martin, los pronósticos sobre un declive "parecen prematuros", pero reconoce la caída de la confianza hacia el país. Según el último sondeo del Pew Research Center, solo el 23 % confía en el actual presidente, Donald Trump, para "hacer lo correcto" en los asuntos internacionales.
Mientras el primer mandato de Trump fue considerado una "anomalía" o "un caso aislado", la transformación ha calado en este segundo periodo en el Partido Republicano, por lo que previsiblemente algunos elementos del trumpismo sobrevivirán a su presidencia, "como esa actitud de rechazo o desprecio hacia los aliados", detalla Martin.
Una inspiración
Con tan solo trece colonias -de los 50 estados que lo componen actualmente- y un tamaño once veces menor que el actual, el país nació precario, pero con la firme convicción de parte de sus fundadores en unos principios de soberanía popular y derechos individuales que inspiraron la Revolución Francesa, así como las luchas por la independencia de México y Chile, en un contexto en el que coexistían la esclavitud y el desplazamiento de los pueblos nativos.
Los enfrentamientos entre las potencias europeas y la ausencia de enemigos en las fronteras propiciaron su expansión territorial. El siglo XX consolidó su estabilidad institucional -el país con el sistema político y la Constitución más longevos- y su poderío económico y militar tras la Segunda Guerra Mundial.
Estados Unidos sigue siendo hoy la economía con el mayor PIB del mundo y una superpotencia militar, pero el factor bélico "no será el elemento decisivo del nuevo orden internacional", porque "el verdadero centro de gravedad del poder mundial residirá en los flujos comerciales, financieros y empresariales", adelanta Nolt.
Y en ese escenario es donde emerge China, el gran competidor estratégico de Estados Unidos a largo plazo.
En competición
Nolt considera que la fortaleza de Pekín se encuentra sobre todo en el plano económico: "Las empresas chinas están ganando presencia global, pero el poder militar chino no es tan impresionante como su éxito empresarial", sostiene.
"La coexistencia pacífica prolongada será la norma", vaticina.
La clave recae también en entender si China quiere asumir el mismo papel que desempeñó EE.UU. en el pasado: "Hasta ahora no han mostrado realmente disposición a asumir ese papel de proveedor de bienes públicos", valora Martin.
Y el dólar seguirá siendo el dólar "aunque atraviese una recesión", no tanto por el poder de Estados Unidos como por la fortaleza del sistema financiero internacional. El yuan, la moneda china, "aún no reúne las condiciones necesarias para competir plenamente como moneda de reserva global", considera Nolt.
De este modo, EE.UU. no perderá su posición central, pero sí verá erosionada su capacidad para estructurar por sí solo el nuevo orden.
Para los analistas, China representa un desafío para Estados Unidos en cuanto a mantener su ventaja económica y científica.
Al margen de China, algunos factores internos generan preocupación sobre el futuro del país, como la desinversión "en investigación e innovación en universidades que han sido motores clave de su desarrollo", alerta Martin.
O las políticas migratorias restrictivas de la Administración de Trump, que están dificultando que el talento de primer nivel estudie en Estados Unidos, "lo que traerá repercusiones que se sentirán no solo ahora, sino también en los años venideros".
"No habrá un declive abrupto pero sí una transición hacia un entorno en el que Washington deberá operar con mayor interdependencia y menor capacidad de decisión unilateral, en competencia con una China ascendente y en un marco donde la política exterior se parecerá cada vez más a la gestión de redes globales que a la dirección de bloques", resume Nolt. EFE
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