El debilitamiento del campo geomagnético en el hemisferio sur es un fenómeno recurrente
Madrid, 4 may (EFE).- La Anomalía del Atlántico Sur es una zona donde el campo magnético terrestre es especialmente débil. Entender su dinámica es crucial para comprender el origen del campo magnético de la Tierra y por qué sus cambios afectan al funcionamiento de los satélites y al desarrollo de las misiones espaciales.
Ahora, un estudio internacional liderado por el Instituto de Geociencias (centro mixto del CSIC y de la Universidad Complutense de Madrid) publicado este lunes en la revista PNAS, ha reconstruido la historia de las anomalías geomágnéticas de baja intensidad en el hemisferio sur, como la Anomalía del Atlántico Sur (SAA, por sus siglas en inglés), que se extiende desde América del Sur al océano Atlántico sur.
Estas anomalías reducen la capacidad del campo magnético de la Tierra para protegernos de la radiación cósmica, los vientos solares y las partículas de alta energía, y eso tiene consecuencias para las misiones espaciales y los satélites que, al atravesar la región, quedan más expuestos a la radiación.
En los últimos siglos, la SAA no ha parado de expandirse y su intensidad se ha reducido notablemente pero los científicos no saben si este fenómeno es algo excepcional o una manifestación recurrente de la dinámica profunda terrestre.
Para averiguarlo, el estudio, en el que han colaborado la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad Internacional de La Rioja y las universidades de Salamanca, La Rioja, Burgos, entre otros centros de Francia y Argentina, ha rastreado la intensidad del campo geomagnético en el noroeste de Argentina durante los últimos dos milenios.
Para ello, el equipo complementó los escasos datos paleomagnéticos de muestras arqueológicas y geológicas en América del Sur con determinaciones de la intensidad del campo magnético conseguidas a partir de 41 fragmentos cerámicos arqueológicos.
"Los datos paleomagnéticos y arqueomagnéticos se basan en el estudio de la señal magnética que algunos materiales son capaces de conservar a lo largo del tiempo gracias a los óxidos de hierro que contienen. Esta señal registra la dirección y la intensidad del campo geomagnético existente en el momento de formación de la roca o del último calentamiento del material arqueológico estudiado", explica a EFE Miriam Gómez-Paccard, investigadora en el IGEO y autora principal del estudio.
Con los datos obtenidos, el equipo desarrolló un modelo geomagnético global que reconstruye la evolución del campo magnético terrestre de los últimos 2.000 años.
Un proceso dinámico recurrente
Estudios previos habían sugerido que la presencia de estas anomalías de baja intensidad en el hemisferio sur no son un fenómeno exclusivo de nuestra época, sino el resultado de un proceso dinámico recurrente que tiene lugar desde hace millones de años.
El nuevo modelo permitió al equipo demostrar que en el primer milenio de nuestra era ya existió una anomalía de baja intensidad en el hemisferio sur.
"Nuestros resultados muestran que regiones de campo geomagnético débil similares a la actual Anomalía del Atlántico Sur no son fenómenos exclusivos del presente, sino que han ocurrido también en el pasado, en escalas de milenios y con un patrón de migración similar al de la anomalía actual", apunta Gómez-Paccard.
Según el modelo, entre los años 1 d.C. y 850 d.C., una anomalía de baja intensidad se originó en el océano Índico y migró al oeste hasta Centroamérica y el norte de Sudamérica antes de desaparecer, siguiendo una trayectoria parecida a la actual Anomalía del Atlántico Sur.
Posteriormente, después del año 1.100 d.C. emergió una nueva anomalía en el Índico que cruzó África y avanzó hasta América del Sur, adoptando la forma de la estructura de la actual Anomalía del Atlántico Sur.
Un fenómeno complejo
Los resultados del estudio sugieren que "el motor que genera el campo magnético terrestre no está controlado únicamente por el movimiento del material del núcleo externo, donde se origina el campo, sino que también podría estar influenciado por estructuras del manto profundo", y que, por tanto, es mucho más complejo de lo que parece.
Además, aunque este tipo de anomalías pueden debilitarse e incluso desaparecer, los mecanismos implicados y las escalas temporales en las que operan siguen siendo en gran medida "impredecibles", apuntan los autores.
Comprenderlas puede "ayudar a prepararnos y reducir su impacto sobre la tecnología espacial y las infraestructuras del entorno terrestre cercano", concluye la investigadora. EFE
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