Beirut, Líbano, 22 Abr 2026 (AFP) -
Sentada sobre un colchón, a ras de suelo, Mariam Zein acuna a su bebé de once semanas. Tuvo que refugiarse en un centro de acogida de Beirut, huyendo entonces del conflicto entre el movimiento proiraní Hezbolá e Israel, que ahora pende de una frágil tregua.
"Estaba realmente contenta en mi noveno mes de embarazo", explica Mariam Zein, de 26 años, a la AFP, con el pequeño Husein en sus brazos. Sin embargo, dice, "nunca" se hubiera imaginado que su primer hijo pasaría sus primeras semanas de vida en tales condiciones.
Lo que le hubiera gustado, asegura, es ver a su hijo "crecer (...) en su propia casa". "Estaba muy triste y lo sigo estando", comenta, resignada.
Cuando la guerra entre Israel y Hezbolá estalló el 2 de marzo, Zein huyó con su bebé, su esposo y varios allegados. No sabía si su casa, en el sur de Líbano, seguía en pie.
Según las autoridades libanesas, los bombardeos israelíes dejan más de 2.450 muertos, en medio de una frágil tregua de 10 días que comenzó a mediados de abril.
Cuando los enfrentamientos seguían en pie, cerca de 140.000 personas pasaban sus días en centros de acogida masificados. Al que acudió Maryam Zein antes del alto el fuego, a las afueras de Beirut, vivían 500 desplazados, entre ellos cinco mujeres embarazadas y varios recién nacidos.
Zein tuvo que destetar a su hijo porque carecía de un espacio mínimamente íntimo donde darle de mamar, y luego le costó encontrar leche infantil. Además, a Husein la ropa le quedó pequeña. "Pase lo que pase, quiero tener a mi hijo cerca", comentó.
- "No consigo hacerme a la idea" -
Unas 620.000 mujeres viven como desplazadas en Líbano, según el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA). De ellas, 13.500 están embarazadas, indicó la agencia, que financia una clínica móvil gestionada por la oenegé Caritas Líbano.
Una ginecóloga obstetra, Theresia Nassar, que trabaja en una tienda equipada con un ecógrafo portátil, se encarga de que no se pierdan ninguna revisión importante.
Una de sus pacientes era Ghada Issa, de 36 años. Debería dar a luz muy pronto a una niña en una escuela de Beirut.
"Este lugar (...) no está hecho para mujeres embarazadas", apuntó Issa, que huyó del sur de Líbano con su marido y sus hijos Siham y Alí, de cinco y cuatro años.
Viven apretujados en una tienda, donde el día a día no es fácil. Cualquier gesto es complicado, empezando por ir al baño, siempre lleno de gente y muy lejos de donde duermen.
Para que no tenga que dormir en el suelo, su esposo montó una especie de cama bajo la que fueron guardando cosas para el bebé que les han dado, como pañales y polvos de talco donados por una oenegé.
"No consigo hacerme a la idea de tener un bebé aquí", dice Ghada Issa.
En la misma escuela, que acogía en ese momento a más de 2.600 personas, hay una veintena de mujeres embarazadas. Dos acaban de dar a luz, según el equipo que dirige el centro.
En el sur de Líbano, en una sala de la Universidad de Sidón, Ghada Fadel, también de 36 años, cuida de sus gemelos, Mohamed y Mehdi. Tienen poco más de un mes.
La madre lleva en esta clase desde su octavo mes de embarazo. Antes, vivía junto a su familia en una aldea cerca de la frontera con Israel, de donde todos huyeron.
"Después de que nos fuéramos de casa, ellos [Israel] la bombardearon. La casa desapareció", y con ella todas las cosas que Ghada Fadel tenía para los gemelos, cuenta.
"Esperaba dar a luz y luego regresar", comenta con tristeza.
lg/sno/cm/vl/cab/jvb/mab/arm