Agencias

El miedo al hambre se apodera de una aldea guatemalteca ante la llegada de El Niño

El miedo al hambre se apodera de una aldea guatemalteca ante la llegada de El Niño

Cunén, Guatemala, 2 Jun 2026 (AFP) -

A medida que la sequía se extiende y crecen las probabilidades de un pronto fenómeno de El Niño, un temor se apodera de una aldea indígena del norte de Guatemala: morir de hambre.

Las lluvias no llegan y quienes se arriesgaron a sembrar están preocupados de que la falta de agua arruine sus cultivos de subsistencia en Xetzac, un pueblo del municipio de Cunén.

"Si no hay lluvia no van a dar (los cultivos). Lo poquito (que den) lo vamos a comer o lo vamos a comprar, si tenemos dinero. Pero si no hay nos vamos a morir de hambre", advierte a AFP Cecilia Pasá.

Esta mujer maya de 38 años y colorido traje típico tejido a mano sembró un poco de maíz a unos metros de su casa de adobe, donde cría animales de corral.

En Cunén, una zona montañosa de difícil acceso del departamento de Quiché, prácticamente todos sus habitantes (unos 47.000) son pobres y muchas aldeas se abastecen de pozos de agua que resultan insuficientes.

Esa región está en el Corredor Seco, una franja árida que abarca partes de Honduras, El Salvador y Nicaragua y es vulnerable a eventos climáticos extremos.

Fue una de las zonas guatemaltecas más golpeadas por la crisis alimentaria que provocó El Niño en 2023, una historia que amenaza con repetirse por falta de apoyo oficial.

El fenómeno que atormenta a los lugareños ocurre cada dos a siete años y es una de las fases de un ciclo climático natural que afecta las temperaturas del océano Pacífico.

Se espera que empiece entre junio y agosto y que produzca efectos dentro de varios meses a nivel global.

- Daño extendido -

Desde hace semanas la sequía se extiende por las calles polvorientas y sembradíos de maíz, papa, brócoli, frijol y habas de Xetzac, cuyos arroyos se evaporan.

Bajo la sombra de árboles para atenuar el calor y con el olor a pino que baja por las laderas, Elvira Pasá asegura que una pérdida de esas cosechas solo traería "hambre".

"Nosotros cultivamos, no lo vendemos, solo lo comemos", dice a AFP esta líder comunitaria de 27 años, madre de dos niños.

"Lo que sembramos es lo que comemos. ¿Qué va a pasar si no llueve"?, se pregunta Lucía Rojop, de 43 años, quien se las ingenia vendiendo zapatos de mujer y botas de caucho en su casa.

Sus miedos son fundados: 2,5 millones de guatemaltecos están en riesgo de inseguridad alimentaria por la sequía y la alta probabilidad de que El Niño regrese fortalecido.

El gobierno guatemalteco asegura tener 1,1 millones de raciones para distribuir ante una emergencia.

Según expertos, la evolución de El Niño hacia un evento mayor dependería de varios factores atmosféricos.

En Centroamérica, donde todos los países están en alerta, suele generar condiciones más secas y cálidas.

Aun sin El Niño, la situación no ha hecho más que empeorar.

Solo en Guatemala el Corredor Seco se amplió de 46 a 160 municipios desde 2004, casi la mitad de los que tiene el país, a raíz del cambio climático, según el gobierno.

Y con El Niño las lluvias se reducen a la mitad, señala Alex Guerra, director del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático.

Como un testimonio de esas alteraciones, Cecilia Pasá recorre una raquítica plantación de maíz y afirma categórica: "La siembra ya no aguanta, la tierra está más seca, ya no está tan húmeda como antes".

Por ello solo la mitad de sus vecinos sembró esta vez. Los demás, como Catarina Sicá, se abstuvieron.

"No hay lluvia y ya se pasó el tiempo para sembrar", dice Sicá, de 39 años, al mostrar las semillas aún en mazorcas de maíz amarillo, negro y blanco.

- Impacto migratorio -

Durante años las adversidades del trabajo del campo en Cunén se paliaban con el dinero que enviaban los migrantes desde Estados Unidos, pero las deportaciones masivas ordenadas por el presidente Donald Trump alejan ese salvavidas.

Unos 24.000 guatemaltecos han sido expulsados este año, muchos originarios de Quiché.

Esto ha provocado que la construcción de viviendas de concreto -el gran sueño de los migrantes- se haya paralizado y con ello el empleo.

Para afrontar la crisis, las familias crían cerdos, ovejas, gallinas y pavos para la venta.

El esposo de Catarina Sicá retornó hace dos años tras lograr levantar su casa y ahora trabaja ocasionalmente en agricultura, pero los 10 dólares que gana por jornal no alcanzan y la dieta familiar, como la mayoría, se limita a frijol, hierbas y papa.

"Estamos esperando qué hacer, pero será la voluntad de Dios", afirma resignada la mujer.

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