El nivel económico de la familia y el entorno determinan la organización cerebral del niño
Redacción Ciencia, 11 jun (EFE).- El nivel económico de la familia -con las condiciones de vida y las facilidades que ofrece- es el factor que más determina la organización cerebral de los niños en su desarrollo, por delante de variables como el coeficiente intelectual, la crianza o el historial de salud mental.
Esta es la principal conclusión de un estudio realizado por un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis y publicado este jueves en Science.
Durante la investigación, el equipo analizó escáneres cerebrales de casi 12.000 niños de 9 y 10 años para observar cómo el entorno, la salud y las actividades cotidianas se relacionan con su desarrollo cerebral.
Tras analizar casi 700 factores biológicos, psicológicos, ambientales y sociales examinados, descubrieron que el estatus socioeconómico de la familia de un niño tenía la relación más fuerte con la estructura y la función cerebral de ese niño (explica alrededor del 16 % de la función cerebral).
Además, observaron que las partes del cerebro que reflejan los factores socioeconómicos eran las mismas áreas más sensibles al sueño y al estrés, lo que sugiere que la desventaja socioeconómica afecta al cerebro indirectamente a través de la alteración del sueño y el estrés crónico.
"El cerebro de un niño de un entorno socioeconómico bajo se parece al de un niño de un entorno socioeconómico alto que ha sufrido privación de sueño y estrés", explica el autor principal del estudio, Nico U. Dosenbach.
"No es un cerebro menos inteligente. Simplemente parece un cerebro cansado y estresado. Lo bueno es que tanto el sueño como el estrés son modificables. Si logramos encontrar la manera de mejorar el sueño y reducir el estrés en niños de hogares con menos oportunidades socioeconómicas, podríamos disminuir las diferencias cerebrales vinculadas al nivel socioeconómico", concluye.
Estructura y función del cerebro
Hasta ahora, los estudios han ignorado en gran medida el impacto potencial del entorno y las experiencias de los niños en el desarrollo cerebral, por eso Dosenbach y su equipo analizaron 649 variables de 12 categorías (tiempo frente a las pantallas, raza, sexo, religión, exposición al ruido o la contaminación, salud física y mental, amistades, acoso escolar, consumo de drogas o historial médico, entre otros).
Para ello, utilizaron datos de 11.878 niños participantes en el Estudio de Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente de Estados Unidos, un estudio nacional a largo plazo sobre el desarrollo cerebral y la salud infantil, que incluye un centro en WashU Medicine.
Descubrieron que de las 40 variables principales vinculadas a la función cerebral, 37 eran socioeconómicas, y de las 40 principales relacionadas con la estructura, 35 también lo eran (incluían los recursos sociales y económicos del vecindario del niño, similares a la riqueza general de la zona).
"Pensaba que las oportunidades socioeconómicas importarían, pero no imaginé que importarían tanto. Simplemente eclipsaron todo lo demás", comenta el primer autor, Scott Marek, de WashU Medicine.
Además, descubrieron que la influencia de estas variables se manifestaba en la organización cerebral, concretamente observaron que las variables socioeconómicas afectaban principalmente a las áreas motoras y sensoriales del cerebro, que son muy sensibles a las variaciones diarias del sueño y el estrés.
Asimismo, confirmaron que los factores demográficos como el sexo y la raza no estaban asociados al cerebro y que las imágenes cerebrales no revelaron ninguna correlación con los puntajes de inteligencia (CI).
Confusión sobre el Coeficiente Intelectual
Durante décadas, los científicos han encontrado asociaciones entre el coeficiente intelectual y ciertas características físicas del cerebro, como el grosor cortical, pero los autores del estudio creen que la base de estas diferencias está en los factores socioeconómicos.
"Si analizamos las resonancias magnéticas cerebrales de los niños, podemos determinar el nivel socioeconómico de sus familias y la cantidad de horas de sueño y tiempo frente a las pantallas que pasan, pero no podemos determinar su coeficiente intelectual, lo que indica que el CI no se basa en la neurobiología", afirmó Marek.
"El entorno moldea el cerebro de los niños de maneras que se han interpretado erróneamente como reflejo del coeficiente intelectual, cuando en realidad son solo reflejos del estrés y la falta de sueño. Son factores que podemos modificar para mejorar la salud cerebral de los niños", insiste el investigador.
En una Perspectiva relacionada y publicada en Science, los investigadores Lucinda M. Sisk y Theodore D. Satterthwaite manifiestan que "aunque trabajos anteriores han encontrado que los factores socioeconómicos pueden afectar la estructura y la función cerebral, el estudio demuestra estos efectos con una escala y consistencia notables".
Ambos investigadores creen que las intervenciones relacionadas con el sueño y el estrés crónico podrían ser importantes herramientas para fortalecer la función y la estructura cerebral y advierten que los hallazgos del estudio "resaltan la necesidad de políticas a nivel social que brinden apoyo temprano a las familias". EFE
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