El programa de la oposición promete acabar con el "partido-Estado" construido por Orbán
Budapest, 8 abr (EFE).- El partido opositor 'Tisza', liderado por el conservador Péter Magyar, centra su programa electoral en luchar contra la corrupción y desmantelar el sistema político construido por el primer ministro ultranacionalista Viktor Orbán desde 2010.
'Las bases de una Hungría funcional y humana' es el título que lleva el programa, que propone una profunda reforma del Estado con la restauración de la separación de poderes, la lucha contra la corrupción y la recuperación de la confianza en las instituciones.
Con estos propósitos, la oposición húngara espera poder derrotar este domingo a Orbán en las elecciones generales.
Según Tisza, los últimos cuatro gobiernos con mayoría absoluta del Fidesz, la formación de Orbán, han erosionado el sistema democrático, concentrando el poder, debilitando el Parlamento y subordinado todas las instituciones al Ejecutivo.
En esa línea, Hungría habría derivado hacia un modelo de "partido-Estado", en el que la vida pública y gran parte de la economía están determinados por el entorno de Orbán y en el que el Gobierno crea "enemigos ficticios" para mantenerse en el poder y dividir a la sociedad.
"El ejercicio del poder hoy se basa en dividir al país, enfrentando a un húngaro contra otro húngaro", señala el programa.
Tisza define a Hungría como el país más corrupto de la Unión Europea (UE) y uno de los grandes ejes de su programa es la lucha contra este problema y las redes clientelares, para lo que promete integrarse en la Fiscalía Europea.
Hungría es uno de los tres países de la Unión Europea (UE) que no participan en esta institución.
El programa denuncia la existencia de una "economía de favores" en la que contratos públicos benefician a figuras cercanas al poder, como el empresario Lorinc Mészáros, amigo de infancia de Orbán, o el yerno del primer ministro, István Tiborcz, y plantea una reforma profunda de las licitaciones públicas.
Limitación de mandatos
En el plano institucional, Tisza propone reforzar el papel del Parlamento como centro del debate político y limitar a dos los mandatos del primer ministro, con el objetivo de evitar la concentración prolongada del poder.
Asimismo, el partido promete restablecer la independencia del poder judicial y revertir la influencia gubernamental sobre los tribunales, uno de los puntos más criticados por la oposición y también por la UE.
La reforma de los medios públicos ocupa también un lugar destacado, con la promesa de garantizar la independencia editorial de la radiotelevisión pública, a la que acusa de haber perdido su pluralidad y funcionar como un instrumento de la comunicación gubernamental.
Tisza defiende además la necesidad de reconstruir un espacio mediático más equilibrado y transparente en un país en el que la inmensa mayoría de los medios están controlados por personas cercanas al Gobierno.
Otro de los pilares del plan de Magyar es la descentralización del Estado con más competencias para municipios y regiones, frente al actual centralismo de Orbán.
También se busca recuperar la autonomía de universidades y centros educativos, que en los últimos años han sido objeto de reformas que, según la oposición, han reducido su independencia académica.
En política exterior se reafirma la orientación occidental del país, sus compromisos con la OTAN y la UE, en contraste con la sintonía con Moscú de Orbán. También se busca la independencia energética de Rusia para 2035.
"El gobierno húngaro saliente libra una guerra política contra los aliados occidentales y arrastra a Hungría a una dependencia peligrosa de las autocracias orientales", critica el documento.
En el terreno social y económico, el programa promete invertir más en servicios públicos esenciales, con especial atención a la sanidad y a la educación, sectores que Tisza considera degradados por la falta de inversión y la ineficiente gestión.
También se incluyen medidas para reducir la brecha entre zonas urbanas y rurales, donde persisten importantes desigualdades en infraestructuras y oportunidades económicas.
La financiación de estas reformas se vincula en gran medida a la recuperación de los fondos europeos bloqueados por Bruselas debido a preocupaciones sobre el Estado de derecho.
En total, se trata de unos 18.000 millones de euros que, según el plan de Tisza, podrían reactivarse si Hungría avanza en reformas que apliquen los estándares europeos y se vuelva a normalizar las relaciones con la Comisión Europea.
"El programa promete reactivar la economía, recuperar los fondos comunitarios y, con ello, ofrecer una perspectiva a la economía y a la sociedad húngara", explicó a EFE Péter Ákos Bod, economista y gobernador del Banco Nacional de Hungría entre 1991 y 1994.
El experto agregó que el programa también pretende "detener las inversiones innecesarias y gravar las grandes fortunas mediante un impuesto de pago único".
"Como dirección está bien. Sin embargo, tenemos dudas con respecto al último punto", indicó Bod.
Con todo, destaca que si Tisza logra formar un Gobierno, tendrá que enfrentar el problema de que las empresas más importantes y muchas instituciones estatales están en manos de familiares, amigos y políticos cercanos a Orbán.
En todo caso, el programa de Magyar no supone una ruptura total con algunas líneas del actual Gobierno, ya que mantiene posiciones conservadoras en ámbitos como la inmigración, donde defiende políticas similares a la de Fidesz, o en su cautela respecto a una adhesión acelerada de Ucrania a la UE.
Este equilibrio entre cambio institucional y continuidad en ciertos temas clave forma parte de la estrategia de Magyar para atraer tanto a votantes desencantados de Fidesz como a sectores más moderados. EFE
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