La arquitectura del horror en 3D: un viaje por la cárcel siria de Sednaya desde Berlín
Clara Palma
Berlín, 2 may (EFE).- La prisión siria de Sednaya, símbolo de la represión del antiguo régimen de Bachar al Asad y donde miles de disidentes fueron torturados y ejecutados, se puede recorrer ahora en Berlín, donde la ONG Prisons Museum ha instalado en la vieja cárcel para presos políticos de la RDA una exposición que incluye un recorrido virtual en 3D.
La ONG ha reconstruido a través de técnicas de modelado arquitectónico 3D celda por celda y pasillo por pasillo del complejo, accesibles a través de un casco de realidad virtual.
"Me coloqué exactamente en el lugar en el que dormía. En esa habitación estuve unos tres años", dijo a EFE el expreso Maher Esper, que ha realizado varias veces el 'tour' y que en total pasó casi seis años en Sednaya, entre 2005 y 2011, encerrado por su activismo a favor de la democracia.
"Uno se puede olvidar de las imágenes, hasta que vuelve al mismo sitio. Cuando estuve dentro recordé las emociones que sentía en ese momento", contó.
Encontrar respuestas
"El primer objetivo es ayudar a las familias a encontrar respuestas sobre sus desaparecidos", explicó a EFE la coordinadora del proyecto Zain Hajahjah. La reconstrucción, accesible asimismo en internet, incluye documentos administrativos recuperados tras la caída de Al Asad en 2024 y testimonios de supervivientes.
La otra meta del proyecto, que abarca también otras prisiones sirias, es aportar pruebas en los procesos judiciales por crímenes contra la humanidad en marcha en diferentes países, entre ellos Alemania, donde Prisons Museum ya ha contribuido en un caso relacionado con la maquinaria de represión del régimen.
"La sociedad siria conocía Sednaya como un lugar terrible de muerte y tortura, pero no sabía lo que había dentro, salvo que lo hubieran experimentado", señaló Hajahjah.
Cuando, tras el colapso del régimen, los familiares de los presos y las cámaras entraron en tromba en la cárcel a las afueras de Damasco y se airearon los detalles del horror, supuso un shock emocional, agregó.
Viaje por Sednaya
Dominaba el complejo de prisiones abierto en 1987 un edificio de cinco pisos -uno de ellos subterráneo-, con 170 celdas grupales, 61 celdas individuales y oficinas distribuidas a lo largo de tres ejes unidos en el centro.
Bajo la dictadura de Asad padre, predominaban los presos comunistas, a los que se sumaron en los años noventa islamistas, nacionalistas kurdos y disidentes de toda índole.
Al llegar, los presos solían pasar semanas, desnudos, en confinamiento solitario, para ser después transferidos a celdas de 5,5 por 8 metros que compartían entre 30 y 50 hombres.
Por las rendijas de la puerta de su celda, Esper, que ahora colabora con diversas ONG, fue testigo de cómo se llevaban a varios presos para ser ejecutados.
Recordó cómo, en una ocasión, un detenido se atrincheró en la celda de enfrente y logró resistirse durante 15 minutos. "Al final consiguieron esposarle. Trajeron una manta de dentro de la celda y le taparon", rememoró.
Después vio cómo le arrastraban hasta la sala de ejecuciones al final del pasillo. Esper explicó que desde la celda oían a los soldados empujar la mesa que hacía de cadalso y los ruidos que emitían los ahorcados.
Pero la represión se recrudeció aún más al estallar la guerra civil en 2011, cuando la prisión se masificó con detenidos sin sentencia ni cargos.
Según estimaciones del Gobierno de transición sirio, desde entonces fueron ejecutados en Sednaya unos 30.000 presos, aunque se han documentado al menos otras 66.000 muertes por tortura u otras causas. Entre 90.000 y 130.000 detenidos de las prisiones del régimen siguen desaparecidos, dicen organizaciones de derechos humanos.
Cultura del recuerdo
La exposición sobre Sednaya, que se puede visitar hasta septiembre, está alojada en la antigua Prisión Central de la Seguridad del Estado de la extinta República Democrática Alemana, actualmente reconvertida en memorial.
Para el director, Helge Heidemeyer, existen paralelos. "En ambos se encerraba a enemigos del sistema sin los motivos que esperaríamos en Estados de derecho", subrayó.
Sin embargo, tanto Hajahjah como Esper criticaron la labor del Gobierno de transición sirio a la hora de brindar justicia a las víctimas y a sus familias, cuyo sufrimiento, denunció el activista, se está usando ahora para inflamar tensiones sectarias y cimentar la autoridad del nuevo régimen islamista.
"Como exprisionero, espero que haya justicia, pero no creo que el poder esté listo para ello", remachó. "Ojalá Sednaya se convierta también en un museo y no se repitan otra vez los crímenes de la dictadura". EFE
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