La comunidad chií de Líbano celebra una ashura aún bajo guerra y desconfianza al acuerdo
Ali Ghandoura y Rosa Soto
Beirut, 17 jun (EFE).- La comunidad chií libanesa celebra este miércoles en la ciudad meridional de Nabatieh el inicio de la ashura, una de las principales celebraciones religiosas del islam chií, a dos días de la firma del acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán mientras Israel mantiene sus bombardeos contra el sur del Líbano.
En un ambiente marcado por el desplazamiento, la destrucción y el escepticismo sobre el futuro de la región, las banderas negras vuelven a colgar de las fachadas y las husseiniyas, los edificios diseñados específicamente para actos religiosos chiíes, abren sus puertas a los fieles, pero en Nabatieh pocos hablan de una ashura normal.
Más de un centenar de personas se congregaron en el Gran Salón de Al Nadi Al Husseini Alnabatiyeh, la husseiniya principal situada en el centro de la ciudad, rodeada de algunos edificios derruidos por ataques israelíes, escaparates rotos y cristales esparcidos por toda la calle.
Una celebración marcada por la guerra
La guerra entre Estados Unidos e Irán que se libra en parte con la invasión terrestre israelí del sur del Líbano ha alterado profundamente una conmemoración que constituye uno de los pilares de la identidad religiosa y social de la comunidad chií libanesa.
"Nosotros vivimos la ashura en el corazón, pero en la realidad no existe la ashura que conocíamos", asegura a EFE Wajuh Ghandour, un comerciante de 48 años procedente de Nabatieh al Fawqa que tuvo que abandonar temporalmente su localidad tras los ataques.
Como él, muchos habitantes establecen paralelismos entre el sufrimiento actual y el martirio del imán Husein, nieto del profeta Mahoma, cuya muerte en la batalla de Karbalá en el año 680 constituye el eje central de estas jornadas de duelo y recuerdo.
"Ashura es nuestra creencia, nuestra vida y nuestro camino en este mundo. Sin el imán Husein no somos nada", afirma Ghandour, que encuentra en esa memoria religiosa una forma de afrontar la incertidumbre y las pérdidas acumuladas durante meses de conflicto.
Una ciudad y una vida por reconstruir
Las consecuencias de la guerra son visibles en toda la zona, donde numerosas viviendas han resultado dañadas, parte de la población continúa desplazada y la actividad económica sigue muy lejos de los niveles previos al conflicto.
Una de las asistentes al evento es Lina Harb, de 52 años, quien regresa estos días a su barrio de Al Bayada, aunque su vivienda ya no es habitable: "Seguimos viniendo por aquí, aunque no dormimos aquí porque nuestra casa no está habitable", explica en la puerta del templo.
Para ella, la dimensión espiritual de la conmemoración trasciende cualquier circunstancia política o militar: "Husein es una historia muy grande, no se puede resumir con palabras", dice.
Aun así, reconoce que las celebraciones han cambiado por el conflicto como las tradicionales procesiones, especialmente las nocturnas, que se han reducido por razones de seguridad y muchas actividades se desarrollan bajo estrictas precauciones.
"Claro que ha afectado", sostiene Harb. "Pero, a pesar de todo, seguimos celebrándolas y seguiremos haciéndolo, si Dios quiere".
Otros habitantes describen una adaptación gradual a una realidad marcada por la tensión permanente. Nimer Mohammad Salloum, vecino de Nabatieh, asegura que la población continúa participando en los actos religiosos pese a las limitaciones.
"Seguimos viviendo el ambiente de ashura como todos los años. Lo que ha cambiado son las procesiones que solíamos hacer en Nabatieh, especialmente las nocturnas", explica.
Según sus cálculos, las ceremonias se han modificado entre un 50 y un 60 % respecto a años anteriores. Sin embargo, considera que el significado esencial permanece intacto: "Ashura nos recuerda el sacrificio que hizo el imán Husein en defensa de la religión", afirma.
La mirada puesta en el acuerdo de paz
Mientras los fieles se congregan en mezquitas y husseiniyas, el inminente acuerdo entre Washington y Teherán apenas genera expectativas entre muchos residentes del sur libanés.
"Sinceramente, el acuerdo ya no nos importa mucho", señala Harb. "Estamos aquí igualmente y seguimos asistiendo a los actos".
Ghandour se muestra aún más contundente: "Esos políticos son unos mentirosos. Llevan demasiado tiempo comerciando con la vida de la gente", afirma, convencido de que los acuerdos diplomáticos tienen poco impacto sobre una población que sigue viviendo entre alertas y explosiones.
La desconfianza también se extiende a la posibilidad de una retirada israelí de las zonas que aún mantiene bajo control o vigilancia militar.
"No creo que se marchen fácilmente", sostiene Ghandour. Salloum coincide: "No creo que Israel se retire fácilmente, a menos que aparezca una fuerza más fuerte que la obligue a hacerlo".
Más allá de las diferencias de matiz entre los testimonios, todos comparten una misma idea: la ashura continúa siendo un elemento central de cohesión comunitaria incluso en tiempos de guerra.
"Estamos dispuestos a morir, pero no a abandonar los rituales del imán Husein", resume Ghandour. EFE
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