Agencias

La investigadora Beatriz Mesa denuncia peso del crimen organizado en la crisis del Sahel

La investigadora Beatriz Mesa denuncia peso del crimen organizado en la crisis del Sahel

Rabat, 10 may (EFE).- Tras dos décadas de trabajo sobre el Sahel, la periodista e investigadora Beatriz Mesa denuncia que las grandes potencias han convertido la región en un "laboratorio del orden internacional" y advierte de que, tras la violencia que castiga la zona, en especial Mali, no hay solo terrorismo sino crimen organizado.

"El problema del Sahel no es solo el terrorismo, sino que tiene que ver con el reparto del crimen organizado. Los grupos armados se sirven de la vitrina de ideologías religiosas o políticas para ocultar grandes redes de criminalidad organizada, que son la fuente de la inestabilidad en el Sahel", sostiene Mesa.

"Estas redes se financian a través de secuestros, drogas, armas y la explotación informal de recursos naturales como el oro", continúa en una entrevista con EFE en Rabat, donde presenta en estos días su libro 'Occidente en África. El fracaso y las transformaciones en tiempos de guerra'.

Críticas sobre la visión occidental del Sahel

Periodista e investigadora española, Mesa cuestiona la mirada de las potencias occidentales sobre la región porque "Occidente ha mirado hacia el Sahel casi exclusivamente a través de la amenaza terrorista", lamenta.

Una simplificación que ha dejado fuera factores fundamentales como las disputas por recursos naturales, los conflictos tribales históricos o el impacto de la economía informal.

Mesa es especialmente crítica con la intervención francesa, en el marco de la Operación Barkhane, -que concluyó en 2022- y que lejos de estabilizar la zona, ahondó en los conflictos internos.

"Francia formó parte de la erosión de la soberanía de Mali", denuncia, y asegura que, durante una década de presencia internacional en el país, el norte de Mali fue un "estado de facto".

A su juicio, Occidente "clasificó al enemigo sin comprender la complejidad del terreno", reduciendo el problema al terrorismo y sin atender a la naturaleza real del conflicto.

Con la retirada progresiva de las fuerzas occidentales y la entrada de nuevos actores como Rusia -primero con los mercenarios del Grupo Wagner y después con Africa Corps- el conflicto en Mali tiene nuevos jugadores, pero está lejos de una solución.

Laboratorio del orden internacional

La violencia se ha agravado en Mali tras la ofensiva de finales de abril perpetrada por fuerzas separatistas del norte que ha causado cientos de víctimas y que amenaza Bamako.

"Todo eso está desestabilizando cada vez más", denuncia, "y estamos viendo cómo la violencia se convierte en una suerte de oficio y está afectando a Benín, a Togo, a Ghana, Burkina Faso, Níger y especialmente a Mali".

Para Mesa, la única alternativa viable es la negociación entre el junta militar de Mali y la minoría insurgente porque "el conflicto nunca se ha resuelto por la fuerza en el Sahel", recuerda.

¿Las potencias internacionales asumen su responsabilidad? "No, para nada, ellos están compitiendo. Esto se piensa como una competición entre poderes rivales, entre Estados Unidos, Occidente, Rusia y China y luego hay otras potencias regionales como Turquía, por ejemplo", lamenta.

"Y este es el problema, convertir el Sahel como se ha convertido en un laboratorio de estos poderes regionales internacionales", insiste.

Mientras en la región se juegan intereses internacionales, se olvida el gran problema estructural, la falta de un modelo de desarrollo de largo plazo.

Las enormes inversiones internacionales no se han traducido en mejoras en infraestructuras, educación o servicios básicos y "la seguridad militar no es suficiente", denuncia Mesa.

"Nadie está pensando verdaderamente en desarrollar el Sahel. No he oído a nadie decir: vamos a proporcionar placas solares porque se necesita agua y electricidad", concluye. EFE

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